• Francisco J. Soriano

¿CUÁNTO PESA UNA MASCARILLA?



«No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio».


Charles Darwin


Al comienzo de la pandemia escuchábamos de todo. Desde lo poco que duraría todo esto, aquí en occidente, hasta que las mascarillas eran una medida innecesaria a priori. Ahora hemos pasado de la reciente «recomendación» de usar mascarillas a la actual «obligación» legal de llevarla puesta en todas partes.


A nadie se le ocurriría discutir la conveniencia de ponerse un casco para ir en moto o en bicicleta. Nadie diría que está sufriendo un abuso de autoridad cuando se exige que los conductores se pongan el cinturón de seguridad. Nadie, en su sano juicio, afrontaría un combate deportivo sin unas mínimas reglas de protección que le garanticen la supervivencia en el combate.


Ahora nos encontramos en una situación en la que expertos nos están recomendando que filtremos el aire que respiramos. La exigencia es algo tan simple como una fina película de celulosa, un pequeño trapo en la cara que puede marcar la diferencia en la velocidad de propagación del virus.


Para todos los bulos que se han vertido sobre los problemas asociados al uso ocasional de las mascarillas os dejamos algunos datos muy reveladores que nos permitirán ser un poco más objetivos en todo este tema.


Bulos sobre el uso de las mascarillas.


Para los artistas marciales, para nuestro espíritu marcial, evitar la comodidad se ha convertido de algún modo en una garantía de progresión en la práctica. Cuando algo no suscita esfuerzo o dificultad es muy probable que no produzca ninguna mejora o adaptación en nuestro cuerpo, mente o espíritu. La naturaleza nos hace evolucionar así, con un poco o mucho de estrés para que nos adaptemos a los cambios.


Por desgracia, la tendencia a educar en la comodidad, el bienestar y la negación de los conflictos inherentes al hecho de vivir nos lleva a las peores pautas adaptativas de nuestra historia. No hay que eliminar la carga de la realidad, tan solo establecer un incremento progresivo y adecuado de esta durante durante la vida. Antes se llamaba a este proceso Maduración.


Una simple mascarilla durante la duración de un entrenamiento rebajado en intensidad y sin contacto físico no es un obstáculo para nuestra práctica. Para nosotros debería ser una simple mota de polvo en la espalda estando acostumbrados a lo que estamos.


La vía no se apaga en las dificultades y mucho menos en estas que son insignificantes. Hace poco, antes de que la pandemia se hubiese presentado en nuestras vidas, estuve estudiando los entrenamientos en condiciones de hipoxia como una manera de mejorar algunos aspectos del rendimiento deportivo. Me pareció sorprendente la cantidad de máscaras existentes en el mercado para poder llevar a cabo estos modelos de entrenamiento, ciertamente efectivos para determinados desarrollos puntuales. Las mascaras de entrenamiento en hipoxia estaban de moda.



Es evidente que las mascarillas que nos piden que llevemos ahora no producen ningún tipo de hipoxia, pero contrasta la reacción adversa a la medida cuando hace poco la gente estaba loca por ponérselas y mostrar estos espectaculares vídeos de entrenamiento con máscara en el gimnasio. Cuánto ha cambiado todo en tan poco tiempo.


No producen hipoxia


La práctica no es solo combatir con otro, ni exhibirse, se trata de combatir contra las peores versiones de uno mismo y crecer interiormente durante el proceso. Estamos superando un momento duro, pero con esperanzas de solución. Un momento que requiere adaptación permanente, inteligencia, colaboración y, sobre todo, una enorme dosis de sentido común.


El sentido común nos dicta escuchar a los que saben, contrastar la información, tomar decisiones lógicas atendiendo a los datos y permanecer atentos para modificar aquello que requiera transformación con el acontecer de los tiempos.


Como practicantes de artes marciales tenemos que afrontar el reto de adaptarnos, de luchar, de usar el sentido común, de atender a nuestros maestros y a aquellas personas que tienen mayor conocimiento que nosotros sobre esto. La situación va para largo y si tenemos que usar mascarillas durante mucho más tiempo es hora de ir aceptándolo, dejar las teorías infantiles y adaptarnos a un nuevo modelo de entrenamiento que integre estos elementos hasta que las cosas cambien.


En este caso, adaptarse no es ceder ante un oponente imaginario. El oponente es un virus que ha matado solo en España a casi 50.000 personas, es fundamental no equivocarse de enemigo.

En nuestra escuela nos hemos adelantado a los acontecimientos desde que todo esto empezó a surgir. Dejamos de acudir a competiciones antes de que los organizadores decidieran suspenderlas, paramos las clases antes de que fuese obligatorio el cierre de centros, empezamos a entrenar al aire libre antes de que la recomendación oficial fuese hacerlo de este modo. También decidimos llevar la mascarilla en el entrenamiento urbano antes de que la norma se implantase como obligatoria.


¿Cómo conseguimos ir siempre por delante de todos estos acontecimientos? Tan solo aplicamos el sentido común y actuamos de forma adaptativa, analizando y aceptando la situación sin negarla. Ese ha sido nuestro secreto hasta ahora, ver las cosas con claridad y responder de la forma que hemos creído más inteligente y segura para los nuestros. Para ver las cosas con claridad hemos escuchado a los expertos, hemos visto el panorama en otros países y hemos aplicado una lógica progresiva a la situación.


Actualmente trabajamos en el exterior y con mascarillas. Lo hacemos durante un par de horas a la semana. Hemos bajado la intensidad y duración del entrenamiento para no depender de una necesidad de respiración más intensa. Las mascarillas permiten respirar, nadie muere ahogado trabajando a un ritmo tranquilo pero continuo. Con ello vamos adaptándonos a su uso para cuando comencemos a usarlas en el interior de la escuela en el mes de septiembre.



Ahí lo haremos con ventilación, aire acondicionado, suelos impolutos y grupos medidos para que todo lo que estamos preparando ahora mismo sea mucho más fácil de llevar en el interior de la escuela.


Paramos cada cierto tiempo durante la sesión y, manteniendo una distancia de seguridad óptima, nos hidratamos lo suficiente. Evitamos cualquier tipo de contacto y perseguimos nuestro objetivo de entrenamiento, con límites como en la vida, pero sin detener nuestro progreso.


Ponemos el foco hacia el interior sin descuidar lo exterior, siempre dentro de los límites posibles de la actividad. Trabajamos la paciencia, la comprensión, los conceptos y la lógica de la práctica. Comprendemos el movimiento, memorizamos, repetimos, nos esforzamos con conciencia y conocimiento para seguir progresando en la relación entre los tres elementos que nos conforman: cuerpo, mente y espíritu.


La queja no es una opción responsable en nuestro ámbito, no es admisible entre practicantes comprometidos con vencer las inclemencias de la vida con esfuerzo, sacrificio, inteligencia y perseverancia. Ninguna queja empujó a nadie hasta la cima. Fue más bien el espíritu de conseguir lo propuesto pese a todo, ha sido la actitud de ver cada obstáculo como una prueba que superar con determinación y poder.


Esa es nuestra vía, este es nuestro camino: superar los obstáculos y crecer gracias al esfuerzo de hacerlo. Elevarnos y mantener la orientación sin sucumbir a los cantos de sirena de aquellos lastrados por palabras de personas que decidieron refugiarse en los descuidos.


Si de todo lo que se trata, de momento, es de ponernos una mascarilla, separarnos unos metros y dejar de tocarnos, si no podemos adaptarnos a algo tan simple y fácil como esto, creo que un aspecto de nuestro entrenamiento real no está funcionando como debería.


Nuestro consejo es mantener activos los tres pilares básicos frente a la adversidad: sentido común, inteligencia y adaptación. Revisar el modelo de práctica, integrar los elementos de seguridad que los expertos recomiendan, vigilar la progresión y confiar en que cada uno haga correctamente su trabajo para que esta situación perjudique al menor número posible de personas.


El sentido común del artista marcial es siempre la adaptación inteligente que le ayude a sobrevivir y mejorar. El peso de una mascarilla es ridículo para que nos planteemos siquiera que pueda ser o no un obstáculo para nuestra vía.

 

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