• Francisco J. Soriano

ENTRENAR LA DISTANCIA

«Me pregunto si la vida no es la distancia entre lo que sé que debo hacer y lo que hago». Gonzalo Moure

Aunque el tema de la entrada puede parecer una perogrullada, insistimos, la distancia también se entrena. El motivo de esta reflexión apunta a varias direcciones. La primera de ellas es enfatizar la importancia de que consigamos desarrollar una adaptación efectiva a la distancia operativa de cualquier contexto luchatorio. ¿A qué nos referimos con distancia operativa? Básicamente a la que nos permite desarrollar la técnica de forma íntegra sin menoscabos posteriores.

No hace falta insistir en que si la distancia no es la correcta el puño puede no llegar, la defensa puede aparecer demasiado tarde o la pierna, al salir, no puede desplegar su potencial o se acaba perdiendo en el aire. Todo esto está claro y cualquier artista marcial que tiene el hábito de combatir en su escuela no necesita más de lo mismo.

Sin embargo, es muy importante que tengamos claro cómo podemos desarrollar esta habilidad adaptativa, entendiendo a la distancia como algo dinámico, no estático, y plenamente vinculada a la técnica. Estas características del combate que mencionábamos antes parten de esa premisa, en el combate estamos en una tormenta de movimiento asincrónico, que fluctúa aumentando y disminuyendo, acercándose y alejándose, modificando la zona de recepción y sus características estructurales.

El trabajo excesivo sobre los Taolu (Wushu), los Katas (Karate) o los Pumses (Taekwondo), por citar algunos de los estilos marciales que integran estos modelos de trabajo en solitario como parte de sus sistemas de entrenamiento, deviene en déficits progresivos de interpretación efectiva de la distancia, sobre todo si no se ajusta su proporción de trabajo con otros elementos del entrenamiento.

La distancia, al igual que la técnica, tiene sus propios elementos. En su entrenamiento todo pasa por disponer de referencias físicas opuestas en las que aplicar la técnica. Desarrollar la capacidad de sentir la distancia en un combate, vinculándola a la operativa de cambios que este requiere, es muy complicado. Es tan complicado que me atrevo a decir que si no se entrena habitualmente el combate es imposible que lleguemos nunca a desarrollar de forma automática esta capacidad de adaptación.

Recordemos que las interiorizaciones en el ámbito de la práctica marcial se basan en diferentes modelos operativos de repetición. Repetir la técnica, una y otra vez a lo largo de los años, nos permite interiorizar los patrones de movimiento que dan sentido a la misma. Lograr respuestas intuitivas, que no requieran reflexión o pensamiento alguno que las guíe en el caos de la lucha surge, básicamente, de que este proceso no se interrumpa.

En esta interiorización, el trabajo de formas es insuperable. Sin embargo, la estructura es una parte del juego, el contexto es la otra. Nos guste o no, en la lucha siempre estaremos sometidos a los parámetros de tiempo y espacio. El tiempo es nuestra velocidad de ejecución, pero también es nuestra velocidad de adaptarnos a los cambios que se producen en la distancia para dar respuesta a este instante de forma inmediata. Para ello, es clave entrenar también y en una proporción mayor el contacto efectivo, tanto el estático como el dinámico ¿A qué nos referimos con esto?

Nos referimos a contacto estático cuando entrenamos la técnica con un compañero o con algún instrumento de entrenamiento (sacos, muñeco de madera, paos, mits, manoplas, etc.). En ese tipo de entrenamientos estamos sometidos a una única distancia, sin fluctuaciones, sin grandes variaciones de tiempo/espacio que tengamos que estar interpretando constantemente. Ese entrenamiento es clave para fijar una distancia operativa, es decir, fijar la distancia oportuna de la técnica que queremos desarrollar. Podemos entonces afirmar que «cada técnica está absolutamente relacionada con una distancia específica y unas características estructurales de combate propias e inamovibles».

Sin embargo, la realidad del combate no es esta. Estamos hablando de entrenamiento de laboratorio, es decir, donde construimos la interiorización de la técnica y la vinculamos a un rango de distancia efectiva.


Si no se entrena habitualmente el combate es imposible que lleguemos nunca a desarrollar de forma automática esta capacidad de adaptación.

¿A qué nos referimos entonces con distancia dinámica? A la realidad última del combate. Todo está en movimiento y tenemos que adaptarnos constantemente a esos cambios, tanto para introducir la técnica de respuesta a la acción con exactitud y prontitud (tanto ofensiva como defensiva), como para entrar o salir del juego de potencialidades que nos brinda un escenario determinado.

La base de toda esta operativa es el trabajo de desplazamientos. Los desplazamientos que entrenamos en las formas (Taolu, Katas, Pumses), en el plano direccional que cada secuencia nos propone, nos permiten interiorizar las bases de movimiento multidireccional, algo que tendremos luego que traducir a la variabilidad indefinida de la lucha. Pero esta ligazón entre técnica, distancia y desplazamiento dependen de una respuesta neuromuscular explosiva, inmediata y, en algunos casos, anticipatoria.

Un luchador efectivo caza a su oponente, no lucha contra él. Me gusta usar este símil con relación a la acción de disparo que se utiliza en la caza. Una acción que prevé la trayectoria del animal que se pretende abatir y ejecuta el disparo a un espacio aun sin ocupar, un espacio vacío. Sin embargo, si el disparo es correcto, pieza y plomo se encontrarán en un fatídico espacio en el que la vida y la muerte se verán las caras de nuevo.

En nuestro caso, esta acción de caza depende de que presintamos hacia dónde va nuestro oponente, qué distancia va a recorrer y en cuánto tiempo va a hacerlo. El que piense que todo esto es calculable de forma racional parece que no ha entendido nada de la práctica marcial. Todos estos procesos, para que ocurran de forma simultánea, dependen por completo de un arduo trabajo repetitivo que integre técnica, distancia y desplazamiento; y que lo haga en un entorno de progresiva transformación. No basta enfrentarse una y otra vez al combate esperando que la adaptación surja por sí misma. Es necesario que elaboremos un plan de desarrollo de esta habilidad, un plan que partirá desde el entrenamiento de:

- La técnica en solitario en desplazamiento - La técnica sobre objetos o personas en estático - La técnica sobre objetos y personas en cambios simples - La técnica sobre objetos y personas en cambios complejos - Incremento progresivo de la velocidad de acción en cada uno de los cinco escenarios anteriores - Explorar la aplicabilidad del conjunto en ejercicios aleatorios de combate - Combate sin restricciones y de forma habitual

Existen otras formas de progresar para desarrollar la operativa sobre la distancia, pero esta garantiza una adaptación real a la lucha.

El desarrollo de una operativa eficaz sobre la distancia, además de depender de una estructura organizada de entrenamiento, también depende de un trabajo complementario para controlar aquellos elementos que pueden interferirla. La más importante de todas estas interferencias es precisamente esa que mostrábamos antes como inútil: el pensamiento discursivo. Si intentamos pensar durante el combate, si en la lucha dejamos que aparezca el flujo interior de preguntas, el diálogo entre nuestro yo de superficie y nuestro yo de profundidad, este yo de profundidad no podrá hacer su trabajo correctamente.



Insistimos en esto ya que muchos piensan que se puede operar en la distancia de la lucha desde la razón. Simplemente no podemos. El pensamiento no solo será más lento que los acontecimientos, también interferirá en las respuestas que hemos interiorizado hasta el límite para dotarlas de autonomía de emergencia, es decir, que salgan cuando las necesitamos.

Esta interferencia es nuestro peor enemigo en la lucha. Es lo que da al traste con todo el trabajo realizado previamente. Acallar la mente y tener el control sobre ella es la llave que cierra el círculo de esta cuestión sobre el entrenamiento de la distancia. Si dejamos que interfiera, no solo impedirá que el 100 % de nuestros recursos subconscientes mantengan su potencial en la situación, también abrirá la puerta a las emociones que trastocarán todo el plano energético de la lucha.

De estos últimos elementos y de su modelo de entrenamiento comenzaremos a hablar en las próximas entradas.

 

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