• Francisco J. Soriano

ENTRENAR SANDA 2. LA ESTRATEGIA


En El arte de la Guerra de Sun Tzu se cita el siguiente párrafo:


«La victoria completa se produce cuando el ejército no lucha, la ciudad no es asediada, la destrucción no se prolonga durante mucho tiempo y, en cada caso, el enemigo es vencido por el empleo de la estrategia»


La palabra «estrategia» deriva del término latino strategǐa compuesto a su vez por los términos griegos de ejército (Stratos) y guía (Agein). Una definición aproximada en este ámbito sería: «la forma de dirigir los ejércitos».


Muchos teóricos del deporte la definen como el proyecto construido sobre una base concreta para alcanzar un determinado objetivo propuesto.



Aunque el término estrategia aparece en su origen relacionado con las operaciones militares, la evolución de las artes marciales en el mundo civil no ha descartado esta necesidad de incluirlo como pilar indispensable de cualquier estilo. Aquí surge la pregunta sobre cuál es el significado contextualizado de este término en el ámbito del estilo, cuál es su significado o utilidad en la preparación del practicante, en el entorno del combate deportivo o, entre otros muchos aspectos, en el entorno del combate de supervivencia.


Son muchos los tipos de estrategia que tendremos por lo tanto que analizar y, sobre todo, resultará muy importante establecer los procedimientos para producirla en tanto una estrategia sin bases metodológicas y sin protocolos de producción será siempre insuficiente o de dudosa efectividad para las aspiraciones personales del luchador.


Un enfoque correcto de la práctica marcial debería tener en cuenta el ADN de modelo estratégico de nuestro estilo, sus leyes intrínsecas, su peculiar adaptación a nuestra forma y capacidades físicas, psíquicas y espirituales, antes de adentrarnos en su construcción dinámica.

El que no haga sus cálculos antes de la batalla no logrará la victoria. Los cálculos abundantes vencen a los escasos. Sun Tzu (El arte de la guerra)

Al igual que ocurre con todas las etapas personales del entrenamiento, en el practicante de artes marciales (en este caso concreto de artes marciales chinas) la evolución ocurre dentro de un modelo de progresión lógico que contiene y proyecta los estratos iniciales de conocimiento, comprensión, habilidad y capacidades generales del individuo hacia capas de orden y complejidad superiores en los que, a su vez, se integran, equilibran, redescubren y afinan todas las estructuras precisas para soportar el nuevo nivel de práctica y evolución personal.


Volvamos al diseño de la estrategia. El primer elemento que tenemos que procesar será el conocimiento de la matriz germinal estratégica en la que se basa el estilo que practicamos. Muchos estilos, por sus características técnicas, hacen hincapié en una distancia concreta o en determinados tipos de acciones por encima de otras.



En el caso del combate deportivo, concretamente en el Sanda, las estrategias vendrán condicionadas por los reglamentos deportivos oportunos y su relación con las técnicas de aplicación en los ámbitos de impacto y lucha según el catálogo estándar del sistema.


Aunque nos encontramos con un modelo estandarizado de combate deportivo, cada escuela define con cierta particularidad el acento que pretende desarrollar para sus luchadores, a partir de sus características personales y, también, a partir de la visión personal del profesor o maestro que imparte las enseñanzas y dirige el entrenamiento deportivo cotidiano.


Las estrategias de base por lo tanto quedan definidas en este ámbito de una forma muy simple y directa que podemos resumir en los siguientes puntos:


  • Control de las distancias.

  • Habilidad de desplazamientos.

  • Acciones básicas bien definidas (Da, Ti, Na, Shuai y Di).

  • Acciones complejas adaptadas a las características del deportista.

  • Disponibilidad de un modelo óptimo de mejora progresiva hasta los límites de las capacidades generales del luchador adaptado a las condiciones de tiempo, espacio e intensidad del combate.

  • Desarrollo rápido de análisis del antagonista, en una primera fase del combate, para establecer un modelo inmediato de acción adaptada a la peculiaridad del oponente.

  • Habilidad para combinar técnicas y conocimiento de recursos de defensa, ataque y contraataque.


A partir de estos parámetros debemos construir el modelo de entrenamiento oportuno, la visión periférica de los programas anuales, tanto los de mantenimiento como los de pretemporada, intratemporada y específicos, para pruebas deportivas concretas. Esto nos permite fijar el foco en el desarrollo que debemos abordar en el entrenamiento para poder aplicar una estrategia que se basa fundamentalmente en la adaptación singular a cada combate.


También consistirá en disponer de recursos técnicos apropiados para hacer frente a cualquier acento técnico o táctico del oponente, en poder contrarrestar los recursos estratégicos utilizados en nuestra contra por el contendiente y, sobre todo, en la configuración energética (física, mental y espiritual) que nos va a demandar un momento corto pero de una gran exigencia a todos los niveles.


Esta estrategia inicial en Sanda es común a todos los luchadores ya que todos participan del mismo contexto reglado, tanto en posibilidades de acción como en tiempos, espacios y garantías de seguridad. Esta visión es difícilmente extrapolable al contexto tradicional ya que estos elementos fijos no se darán bajo ninguna circunstancia. No obstante, definir una estrategia personal en la práctica basada en el desarrollo de análisis rápidos de situación y de capacidad inmediata de adaptación a las singularidades de nuestro oponente, puede ser una baza que no debemos descartar de antemano.



La planificación del entrenamiento, por lo tanto, estará impregnada de este mismo espíritu a la hora de definir nuestra estrategia de entrenamiento. Ésta quedará definida por las características del luchador y sus necesidades generales y específicas de cara a la disciplina. No sería inteligente acentuar el entrenamiento en bases de proyección en un individuo de complexión delgada pero con envergadura de brazos amplia, máxime cuando la mayoría de los luchadores de su categoría podrán ser de altura y envergadura inferior.


Nuestro entrenamiento debe garantizar la adquisición de unos recursos básicos para cualquier circunstancia, pero el enfoque personal del entrenamiento deberá tener en cuenta las características más relevantes del competidor. Para este caso que hemos citado, lo lógico sería hacer un trabajo extra de movilidad en los desplazamientos, ataques muy diversos de puño, control de la distancia y agilidad de pateo con este mismo fin. Una estrategia más afinada sería provocar la entrada del oponente dejando objetivos aparentemente alcanzables o descubiertos.

Si uno no planifica y no presta consideración al enemigo, con seguridad será vencido por él. Sun Tzu (El arte de la guerra).

En este caso se trata fundamentalmente de aplicar un sentido común que muchas veces es descartado por una fijación personal en un entorno técnico que no siempre es el más oportuno para las características personales del deportista.


Por otro lado, tener en cuenta estas circunstancias también nos va a facilitar una rica información sobre las posibles intenciones del oponente que, para el caso antes mencionado, nos anticipan un esfuerzo de aproximación para aplicar técnicas, una necesidad de movimiento mayor que la nuestra, unos posibles ángulos de acción no directos, menos técnicas hacia el segmento superior y muchas más hacia el inferior cuya distancia de recepción deberíamos tener en cuenta sobremanera.


Definir la estrategia del Sandaen su conjunto, así como establecer una estrategia personal de entrenamiento adaptada a nuestras capacidades potenciales, son una garantía de progresión en el sentido correcto. Las adaptaciones puntuales que cada combate nos requiera deberán realizarse sobre la marcha de los mismos, sin perder de vista los anteriores estratos mencionados.


Por todo esto, una buena estrategia queda definida como un pilar fundamental a la hora de abordar la práctica de cualquier modalidad deportiva. La capacidad de aplicarla dependerá siempre de la voluntad del deportista, de su capacidad personal para entender su modelo, las necesidades de adaptación y, sobre todo, del componente físico que se traducirá, siempre, como el eje sobre el que se fija todo este entramado.

 

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