EL COMIENZO DE LA PRÁCTICA


Todos los años nos proponemos comenzar en septiembre todo aquello que se nos quedó pendiente el curso pasado. Es probable que un verano de más deslices, descansos y comilonas que training y ayunos han complicado nuestro estado físico más de lo que esperábamos.

¿Cómo has pensado abordar este problema para empezar el curso con buen pie?


No puedes comenzar una temporada con la imagen del sufrimiento en la cabeza, sobre todo si queremos llegar más allá de noviembre intentando cumplir nuestros objetivos. El secreto para conseguir una buena adherencia a la práctica de cualquier actividad, en especial a la nuestra, consiste en planificar, organizar y tomar decisiones correctas que debemos mantener desde una fuerte disciplina personal.


Es importante desbloquear antes algunos puntos clave. El primero de ellos es que asentemos la convicción de que entrenar no es sufrir. Está claro que el esfuerzo, en determinados extremos, se transforma en un tipo de sufrimiento hasta cierto punto tolerable. Los que llevamos muchos años inmersos en modelos de entrenamiento, tanto deportivos como puramente tradicionales, vislumbramos estas zonas rojas e intentamos bordearlas o suavizarlas con componentes que edulcoren un poco estos puntos ligeramente amargos.


Pero, para empezar la temporada de entrenamiento, para recuperarnos de esa estancia en la estación espacial playa/chiringuito/sofá desde la que acabamos de aterrizar, tenemos que aplicar otra actitud y poner en práctica una filosofía potencialmente activa y positiva que nos permita reconducir la situación a la senda de la progresión.


Entrenar es, como decía antes, un conjunto de propósitos bien decididos que se van materializando poco a poco, día tras día, mientras nuestro cuerpo y nuestra mente van haciendo las adaptaciones que el espíritu de la práctica les va generando.


Por este motivo, debemos planificar y ajustarnos a la realidad, y debemos hacerlo con todo el conocimiento que podamos acumular para ganar seguridad y con la garantía de que en poco tiempo toda nuestra actividad tendrá, cada vez más, mejores sensaciones de retorno.


Uno de nuestros grandes problemas al principio será que tenemos muchas ideas, propósitos y objetivos en la cabeza. Es preciso que seamos prácticos, que fijemos con claridad y análisis esos objetivos, que los reduzcamos y afinemos al máximo para evitar la dispersión propia de la magnitud y que no proyectemos ideales irreales ya que debemos tener muy claro que, si no hemos hecho nada en seis meses, no tendremos una condición física exuberante antes de empezar.


Estos objetivos deben definirse en parámetros lógicos. Si quieres recuperar tu forma física tendrás que poner eso por delante de algunas otras cosas, es decir, dedicar más tiempo a aquello que pretendes mejorar para poder hacer mejor todo lo demás. Tienes que jerarquizar y priorizar de forma inteligente.


Debemos ser pacientes, humildes y sinceros para abordar con garantías de éxito todo este proceso. La buena noticia es que somos artistas marciales y eso lo traemos de casa (se supone).


Volvamos al inicio. ¿Vas a empezar el entrenamiento? Ok, ¿por dónde quieres o debes empezar? Mejorar la condición física parece lo oportuno, pero sin olvidar que tenemos Taolu, katas, pumses o técnicas dormidas esperando que las activemos para no ser olvidadas. No me refiero a entrenar lo uno y dejar de lado lo otro. Tan solo que el volumen inicial del entrenamiento concentrará prioritariamente un mayor porcentaje de su carga en garantizarnos un cuerpo que rinda todo lo que le vamos a pedir a lo largo del curso.


No te preocupes, si has trabajado correctamente estos apartados de la práctica, una progresión minimalista al principio no te hará perder nada del conocimiento que hayas adquirido de verdad. Si no es así, debes asumir que realmente no habías profundizado lo suficiente; todo es aprendizaje. La parte técnica va a estar presente siempre de un modo u otro en nuestro día a día de entrenamiento.


Todas las planificaciones serias comienzan por una buena puesta a punto de nuestro cuerpo y de nuestras cualidades físicas básicas. Un cuerpo que funciona bien ofrece muchas más garantías de que las habilidades marciales y el estudio de la técnica lleguen a mejor puerto en sus fases avanzadas de entrenamiento.


Para desarrollar esta parte física, lo primero que debemos tener en cuenta son los componentes fundamentales de este apartado en el contexto de las artes marciales. Para ello te proponemos estratificar el curso en tres grandes apartados iniciales. El primero de ellos sería el de la preparación general, el segundo sería una preparación específica y el tercero sería el de entrenamiento optimizado.


En la próxima entrada iremos desgranando cada una de estas fases para que puedas comenzar la temporada con la idea más clara posible de lo que quieres, de cómo puedes lograrlo y cuánto tiempo, intensidad y recursos deberás destinar para hacerlo.


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