El Taijiquan no es un arte marcial ¿Cómo?


Thomas Cantegrit y Wang Yang combatiendo
Los maestros Thomas Cantegrit y Wang Yang

Acaba uno cansándose de explicar que el Taijiquan no es una especie de yoga en movimiento o un tipo de ejercicio para ancianos. Es importante diferenciar los modelos de entrenamiento, su utilidad y los objetivos con los que muchos plantean la práctica habitual de este arte marcial.


Es lógico, hasta cierto punto, que el que ve a un grupo de ancianos realizando una rutina estándar de Taijiquan simplificado opine que aquello no puede nunca servir para el combate, sobre todo si lo que observa es una forma (Daolu) o un ejercicio de empuje de manos (Tui Shou) suave y con fines absolutamente educativos.


La cuestión trasciende a la realidad mediática cuando es difícil exponer el modelo de trabajo marcial que hay en el corazón de cualquier estilo de Taijiquan tradicional. Quizá, como practicante de otros estilos y habiendo sido competidor de Sanda con unos cuantos decenios de práctica, estudio, competición y labor docente, me puedo permitir ahondar en los detalles de estas diferencias desde un punto más objetivo que el de cualquier espectador medio de Youtube sin conocimientos reales sobre el arte.


El movimiento lento no es lentitud para el combate, es una forma diferente de programar el movimiento para lograr su interiorización y el automatismo de su emergencia natural cuando una situación lo requiera.


Y no es solo ese el entrenamiento que se precisa para que la práctica del Taijiquan tenga un componente efectivo cuando empleamos el arte en el combate. Para llegar a esa «efectividad», el trabajo de aplicaciones, de dinamismo y, sobre todo, de combate libre (San Shou), es fundamental.


La cuestión no es si el arte sirve o no para la lucha. Cualquiera que haya estudiado las bases, fundamentos, historia y antecedentes combativos de los sistemas internos sabe que esto no tiene discusión posible. La cuestión es si el entrenamiento que se está haciendo sobre el arte tiene este enfoque y está diseñado para lograr los objetivos que demandará la confrontación física en cualquiera de sus planos.


Solo hay que ver la lista tradicional de lesiones posibles durante los entrenamientos de Taijiquan, en concreto los del estilo Yang de la línea de Yáng Shàohóu, para darse cuenta de que superan con creces los riesgos de lesión que cualquier otro estilo que conozcamos. Nadie se explota el bazo o revienta los riñones haciendo la forma simplificada de 24 movimientos; algo más que caras sonrientes concentradas y movimientos bonitos debe haber, ¿no?


En mi entrenamiento particular del estilo, en concreto del estilo Chen, hemos realizado muchos ejercicios luchatorios en los que hay impactos de puños, codos, piernas, rodillas y cabeza. También hay proyecciones, barridos, intentos de luxación, estrangulaciones; en definitiva, todos los elementos que podemos encontrarnos cuando se sobrepasan las barreras de lo esperado. El San Shou de este tipo ocurre en cualquier plano combativo, es decir, de pie o en el suelo, y con intensidades que van desde el trabajo fluido de la técnica, hasta el de máxima resistencia combativa entre ambos oponentes.


El entrenamiento real del Taijiquan como arte marcial contempla igualmente el endurecimiento general del cuerpo, el fortalecimiento muscular y, sobre todo, del tejido que conecta todas las partes del cuerpo, en un juego que fluctúa entre una tensegridad biológica fortalecida y una pétrea estructura inmediata y voluntaria del eje central.


Otro de los objetivos de desarrollo es el de generar una capacidad extremadamente sutil de activar y desactivar algunas partes de la estructura neuromuscular a voluntad. Algo que se conoce en nuestra jerga como Song Jing y que permite realizar acciones que son imposibles cuando es la fuerza bruta la que manda en las acciones.


Los aspectos relativos a la resistencia combativa están igualmente enmarcados en la práctica combativa del San Shou y en el tipo de formas tradicionales, que tienen una duración, exigencias de altura y cambios de ritmo que no todo el mundo puede hacer sin muchas horas de práctica. La coordinación respiratoria y la capacidad de absorción, de interpretación de intenciones, flujo y adherencia del Taijiquan permiten, entre muchas otras cosas, unas ciertas competencias luchatorias que no se dan en ningún otro estilo marcial conocido.


Así que, si has escuchado. o leído. que el Taijiquan no sirve para la lucha, o que no es un arte marcial necesitas buscar fuentes más fidedignas de información, ya que es muy probable que tu fuente tenga importantes carencias de conocimiento para afirmar estas dos necedades.


Quizá este es el mayor problema al que se enfrentan los sistemas internos tradicionales: a un mundo de supuestas evidencias, certificadas por profanos en el tema, que confunden la habilidad deportiva de algunos sistemas de combates «reglados» con la realidad intrínseca de sistemas muy complejos. Sistemas que no se pueden testear sin riesgos por inexpertos; sistemas que no están diseñados para ganar en un octógono, sino para incrementar la capacidad de sobrevivir cuando las cosas ocurren en el ámbito de la realidad sin rejas, sin necesidad de exhibirse ni árbitros que limiten el tiempo y las cosas que se puedan hacer durante la lucha para sobrevivir.

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