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Evolución personal gracias a la práctica del Taijiquan



Las habilidades básicas a desarrollar para hacer efectivo cualquier arte marcial suelen apuntar a objetivos muy concretos y también a objetivos secundarios no menos importantes.


En el caso del Taijiquan, al tratarse de un sistema de una gran complejidad técnica y conceptual, estos objetivos secundarios afectan en su desarrollo a otros elementos propios del estilo. Dada esta singularidad en la evolución de los diferentes elementos que componen el arte, debemos prestar atención a la superficie y a la profundidad del trabajo de habilidades para ajustar, de forma oportuna, los lazos de conexión que ambos estratos de trabajo sugieren entre los elementos estructurales y los elementos técnicos directos del estilo.


El desarrollo de las habilidades, en lo relativo al trabajo por parejas, tiene una dimensión específica en el ámbito de la aplicabilidad del repertorio técnico contenido en las formas. Cuando abordamos el estudio pormenorizado de las diferentes técnicas, la presencia de diferentes niveles de habilidad permite o impide su realización, y lo hace en el orden armónico y equilibrado que el entrenamiento exige para su interiorización.


Es por esto que, para entrenar correctamente, precisamos desarrollar una estructura de interacción motriz compartida óptima para la inserción de los momentos fijos en los que la técnica, la estructura del cuerpo y las habilidades específicas, aparezcan de forma unificada.



Sólo en este tipo de trabajos podremos establecer un marco evolutivo optimo para la inserción progresiva de los parámetros conductuales integrales, esos que necesitamos instaurar en nuestros esquemas reactivos de cara a un posible conflicto interno o externo.


El Taijiquan, como arte marcial propiamente dicho, aglutina un compendio de instrucciones interrelacionadas; unas simples y otras de difícil captación sin las oportunas referencias de aproximación. A través del trabajo corporal por parejas podemos descubrir una línea de diálogo corporal entre dos personas que intentan comprender sus emanaciones tangibles y sutiles inconscientes, tanto en las trayectorias de los movimientos, como en el nivel de manifestación de la energía implicada en cada una de las acciones.

El desarrollo de las habilidades, en lo relativo al trabajo por parejas, tiene una dimensión específica en el ámbito de la aplicabilidad del repertorio técnico contenido en las formas.

La percepción de la situación, los esquemas de aproximación hasta el contacto, las fórmulas de interceptación, los ejes de partida de afectación estructural tras el contacto, los modelos de movilización sin oposición para la creación de fuerza propia desde la fuerza recibida constituyen, en su conjunto, una ciencia compleja que debemos enlazar en este nivel de aproximación.



Esta acción de enlace debe cubrirse desde la periferia hasta el núcleo de la acción y, desde el núcleo de nuestro ser hasta la percepción sensorial de nuestras estructuras y su contacto con las energías recogidas en dicha periferia.


Este desarrollo complejo se realiza inicialmente con la inserción progresiva de elementos en una estructura motriz individual (forma) para aumentar los niveles de conciencia general de nuestros procesos internos:


· Respiración

· Equilibrio

· Pensamiento

· Intención

· Sentimientos

· Emociones

· Relaciones profundas

· Tensión muscular

· Límites de tensión en conexiones articulares

· Sensación de dolor

· Sensación de potencia

· Comprensión del movimiento del Qi

· Acción consciente de la unificación de estos elementos mentalmente


Estudiamos todos estos elementos intangibles en estructuras individuales prefijadas y los reproducimos posteriormente en otras estructuras predefinidas por parejas.

Necesitamos disponer de un ejemplo simbólico constante de equilibrio en nuestra mente y en nuestro cuerpo, insertado de forma gradual

En este tipo de entrenamiento se dan la mano lo lleno y lo vacío, el yin y el yang de la acción compartida. Esta relación entre estructura técnica y corporal predefinida y conceptualización del significado de las habilidades que se intentan desarrollar, nos muestran una educación conjunta y concomitante entre la acción, la cognición y los factores propiciatorios del evento.


La complicidad entre los ejecutantes en reproducir los parámetros predefinidos es fundamental para evitar la presencia de un nivel de estrés que impida la percepción pura del instante.


El establecimiento de una pauta de trabajo suave y sin oposición, en el que se establezca un contexto óptimo para la aplicación de las habilidades que pretendemos desarrollar, es incompatible con la aparición de elementos inesperados que complicarían el proceso inmediato de definir la estructura, su dinámica y la cantidad, densidad y dirección de las energías aplicadas en general.


Estos trabajos aglutinan el desarrollo de los elementos fundamentales del empuje de manos y de los métodos de dispersión de manos como fórmula para predefinir el encuentro entre dos energías y fomentar un diálogo con significado entre las fuerzas que se encuentran.


El símbolo del Taiji es un instante detenido en el tiempo en el que el yin y el yang aparecen en perfecto equilibrio, conteniendo ambos la justa proporción de su complementario y ocupando el espacio vacío cedido por cada polaridad, para formar una unidad perfecta de interacción.


Sin embargo, la necesidad de reproducir la propuesta de este símbolo no es más que el punto de partida y final de un proceso de alternancias y mutaciones que no se detiene nunca. Por lo tanto, para entender la interacción yin y yang, partimos de la observación de un símbolo perfecto, armónico y predefinido en el que cada cosa está en su lugar. De esta referencia perfecta podremos fijar un ritmo de progresión personal, con un trasfondo arquetípico de equilibrio perfecto empujando a cada una de las fases que atravesamos en nuestro propio desarrollo.


La acción predefinida del trabajo por parejas, representa igualmente ese símbolo perfecto, ese momento en el tiempo en el que las energías confluyen en un orden y equilibrio óptimo de interacción pero que, en su dinámica real sujeta a las leyes del tiempo y del espacio, modificará la práctica totalidad de sus parámetros de proporcionalidad, confluencia, interacción y conjunción de posibilidades.


El símbolo, el elemento predefinido, resulta imprescindible para fijar el objetivo de nuestra práctica, para desarrollar una visión nuclear de la idea que pretendemos expresar en nuestra vida. Este aspecto simbólico de los trabajos de afinamiento del equilibrio global en la soledad del entrenamiento y en el contacto con un compañero de práctica, nos proporciona un eje de evolución en el arte marcial que no es otro que el arte de la vida.

Las ideas preconcebidas determinan de forma casi absoluta nuestra interacción con el medio que nos rodea, nuestra reacción ante los acontecimientos que nos afectan. Por este motivo, disponer de unas reglas, de unas normas de acción, de un entrenamiento en nuestra forma de proceder, expresado en una forma de movernos, de imprimirle un gesto a nuestras acciones, de pensar, de determinar, de decidir, resulta fundamental para crecer como personas, para hacerlo en un entorno que recibe constantes influencias marcadas por intereses ajenos a nuestra naturaleza.


Descubrir nuestra naturaleza primordial, nuestro sentido, no consiste en condicionar nuestros actos acorde a una doctrina de tinte cultural o religioso, es disponer de un ejemplo simbólico constante de equilibrio en nuestra mente y en nuestro cuerpo, insertado de forma gradual, sin descartar ningún elemento de lo que somos, establecido en el marco del movimiento general del universo y la naturaleza que nos rodea, para fijar un tronco que permita que la sabia de nuestro ser crezca, se alimente y florezca entre el cielo y la tierra.


La repetición progresiva de esta idea en nuestra mente y de estos movimientos en nuestro cuerpo, fortalecerá definitivamente las raíces de nuestro objetivo vital, definirá el sentido que hemos decidido acorde al movimiento de las fuerzas de la naturaleza y nos permitirá, sobre todo, evolucionar nuestra capacidad de adaptación a todo aquello que escape a este marco de equilibrio, con la sensación profunda y sincera de que con la solidez de nuestro eje podemos aportar una posibilidad de equilibrio al desequilibrio en el que vivimos.

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