Exámenes de grado Wushu University 2022. Primera convocatoria


El próximo sábado día 28 de mayo realizamos el examen anual de grado para nuestro alumnado. Un momento en el que se muestra el resultado de un trabajo conjunto realizado semana tras semana.


Aunque no deja de ser un momento de gran tensión emocional, en nuestra escuela no dejamos de verlo como una celebración. Un día de fiesta en el que sustituimos el miedo y los nervios asociados a cualquier forma de evaluación por el disfrute que aporta el ser conscientes de cuánto conocimiento, habilidades y desarrollo humano hemos logrado a través de esta práctica.


En estas pruebas, no solo valoramos los conocimientos adquiridos, que son muchos, también valoramos aspectos tan importantes como la mejora obtenida en las cualidades físicas básicas funcionales del arte, en las habilidades motrices dentro del contexto del arte, en el poder de concentración y control emocional, en el esfuerzo y constancia manifestado en la asistencia constante durante todas las sesiones del curso y en la presencia de los valores propios del Wude que pretendemos transmitir y proteger. Sobre todo, en cómo este conjunto de elementos se manifiesta de forma consciente en un alumnado que percibe todo el entramado y sus conexiones, un alumnado que mejora con ello su seguridad, su autoestima y la capacidad de enfrentarse a cualquier momento que la vida les ponga por delante.


El día del examen es en realidad un encuentro de evaluación entre dos personas. Por un lado, el alumno o alumna, que muestra todos estos aspectos que he mencionado en el párrafo anterior y, por otro, el profesor que observa el resultado de todo el proceso de entrenamiento formativo que ha proyectado sobre su clase.

En estas pruebas, no solo valoramos los conocimientos adquiridos

Pocas cosas ayudan tanto a mejorar la comprensión en ambas direcciones. Por una parte, el profesor aprende de las capacidades que ha desarrollado el alumno, refresca su memoria reviviendo sus orígenes en el arte para comprender mejor todo lo que ha hecho y cómo ha evolucionado hasta ese día gracias a su labor docente. Por otro, el alumno comienza a vislumbrar, o es ya consciente, de todo lo que el profesor ha intentado construir en sus sesiones diarias de entrenamiento.


Ese diálogo interior, implícito en el momento del ejercicio probatorio, es una característica de incalculable valor de ese instante, quizá una de las más importantes. Una característica que hay que aprender a reconocer desde los niveles iniciales para que den el oportuno sustento motivacional a los importantes esfuerzos abordados durante todo el curso.


Este año convocamos a un número excepcional de alumnos que se presentan en diferentes rangos de nivel. Cincuenta personas maravillosas que acuden con entusiasmo, temor, expectativas o incertidumbre a un momento de gran repercusión simbólica en su vía marcial. Un momento que siempre nos esforzamos por convertir en una dosis de felicidad más que añadir a un recuerdo plagado de momentos maravillosos.

El día del examen es en realidad un encuentro de evaluación entre dos personas.

Somos plenamente conscientes de que abordar una evaluación desde la soberbia analítica, desde la incomprensión de lo que eso supone para el alumno, desde la hostilidad que muchos y muchas hemos sufrido por una mal entendida autoridad es, cuando menos, inconsciente, irresponsable e injusto hacia el arte y hacia las personas que muestran su crecimiento en el arte y en el método.


Esta actitud no es la nuestra. No forma parte del ADN de nuestra escuela. No buscamos un refuerzo de autoridad, ni una prueba de tensión hacia el alumno para ver hasta dónde es capaz de sufrir. La práctica no va sobre eso, no es el camino hacia la muerte de la felicidad, es la vía para su fortalecimiento y para incrementar la sensación de que todo ese duro trabajo proporciona un eje sólido al que agarrarse para la vida. Un eje que fortifica y da un sentido trascendente a un todo mucho mayor del que podemos percibir de forma limitada en cada una de sus partes por separado.


Esa sensación de un todo unificado, esa unión, nos da un sentimiento que no se puede desgranar en segmentos, que no es racionalizable en forma de causas y efectos; es un sentimiento puro que nace de esa alianza momentánea de todo en un uno integral y consciente; un uno que se siente tan completo que comienza a percibir con claridad todo aquello que encierra en su interior sobre el mundo y las personas que le rodean.


Por este motivo, el entrenamiento y los exámenes hermanan aún más al alumnado, les hace entender la unidad humana, su fuerza, los valores de la admiración y del respeto por encima de los de la envidia y el rencor. La práctica es la vía para mejorar, para ser mejor cada día en la dirección de nuestro potencial guiados por los valores de igualdad natural, respeto consciente y admiración compartida que todos los que hacen el mismo esfuerzo deben compartir. Con ello la fuerza del conjunto nutre al individuo y la fuerza del individuo nutre a un conjunto que se consolida y extrapola al resto de la sociedad.

los valores de la admiración y del respeto por encima de los de la envidia y el rencor

El próximo sábado ponemos todo esto sobre la mesa y disfrutaremos de todas esas miradas que nos muestran cómo hemos viajado hasta aquí, cuánto podemos disfrutar en nuestros siguientes destinos y qué sentido tiene realmente todo el esfuerzo que realizamos.


Para todas y todos los que acudís a esta nueva cita, mucha suerte y gracias por todo lo que habéis luchado para estar ahí.


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