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Los sonidos del viento de la guerra

 


«El verdadero guerrero lucha no porque odie lo que tiene delante, sino porque ama lo que tiene detrás.»

La república

 Platón


Atravesamos tiempos extraños y convulsos, llenos de tensión política y social. A medida que los países se rearman, el fantasma de la guerra se hace más palpable, devorando día tras día la esperanza de miles de familias afectadas por su amenaza latente. En la tradición china, estos presagios se conocían como Los sonidos del viento de la guerra (Zhànzhēng de fēngshēng), un término que resuena con inquietante actualidad en nuestras redes y medios de comunicación.


Parece que no aprendemos, o que lo hacemos de forma paupérrima, de nuestro pasado. Eso nos lleva a caer, una y otra vez, en las miserias más profundas del alma humana, esas a las que mueve el poder, el dominio, la ambición y el desprecio por la vida. El mal tiene muchas caras y lo religioso, lo político y lo económico siguen presentando fisuras éticas y morales relacionadas con el ejercicio del poder.


Frente a este escenario, ¿cómo podemos nosotros, como individuos que aborrecemos la guerra y la injusticia, fortalecer nuestro carácter y espíritu para actuar afrontando los desafíos que se avecinan? La respuesta puede residir en la activación del guerrero espiritual que llevamos dentro, una fuerza ancestral destinada no sólo a combatir en el campo de batalla, sino a luchar contra las adversidades internas y externas con sabiduría, honor y compasión.


La tradición nos propone prepararnos para la guerra. Una preparación que no consiste exclusivamente en disponer de armamento y de la correspondiente formación militar. Es preciso fortalecer el carácter y el espíritu para los tiempos que nos llegan, para soportar y afrontar los retos que este conjunto de locuras pueden llegar a suponer en un corto o medio plazo. Todo ello se enmarca en la activación saludable del guerrero que portamos en nuestro interior ancestral, nuestro propio guerrero espiritual.


A veces se confunde al guerrero con el soldado, algo de lo que ya hemos hablado en este Blog. En la tradición, aunque ha sido visto como una figura centrada en el combate y la defensa de su comunidad, el guerrero aparece como heredero de una rica dimensión espiritual y ética. Un guerrero espiritual, en el sentido más profundo del término, no sólo se prepara para enfrentar desafíos físicos, sino que también está cultivado para manejar conflictos internos y externos con sabiduría, honor y compasión.

Es preciso fortalecer el carácter y el espíritu para los tiempos que nos llegan

La práctica marcial nos ayuda a despertar ese guerrero interior que vive dentro de cualquier persona. Un arquetipo que es la manifestación pura del deseo de sobrevivir y de decantarse por lo justo y razonado. La verdadera esencia del guerrero que buscamos despertar con la práctica marcial se encuentra en unos pocos objetivos superiores: desarrollar la capacidad de disciplinar la mente, el cuerpo y el espíritu. Esta disciplina no es meramente física, sino profundamente espiritual, y tiene como objetivo último la autorrealización y la alineación con valores universales de verdad, belleza y justicia.


El guerrero espiritual está llamado a servir no solo a su comunidad, sino también a aspirar a una transformación personal que le permita enfrentarse a la vida con un propósito claro y una moral firme. Enfrenta la vida como un desafío heroico, donde cada acción y decisión es una oportunidad para afirmar su compromiso con un ideal superior. Esta perspectiva es contraria a la apatía y la desesperanza que promueve el nihilismo imperante, proponiendo en cambio un camino hacia la plenitud y el significado a través del servicio, el sacrificio y la superación personal.


La figura del guerrero espiritual ofrece una alternativa vital a un mundo donde este culto a «la nada» amenaza con despojar a la vida de su significado inherente. El arte marcial es la vía principal por la que el guerrero se manifiesta con plenitud, oponiéndose a la pérdida de valores y la desorientación espiritual, no a través de la negación o el rechazo del mundo moderno, sino a través de la integración de principios atemporales que pueden revitalizar y actualizar nuestra comprensión profunda de la existencia humana y su sentido.

El guerrero espiritual tiene como objetivo último la autorrealización y la alineación con valores universales de verdad, belleza y justicia.

Aunque estudiamos principalmente la tradición marcial china, la idea del guerrero trasciende culturas y épocas. Desde la mitología griega y la epopeya india hasta las leyendas nórdicas, el guerrero aparece como un pilar de fuerza, disciplina y honor. Se trata de un arquetipo universal que no está reservado únicamente para la casta de los guerreros en el sentido tradicional, sino que es accesible a cualquier persona, independientemente de su profesión o estatus social.


Cada individuo, desde el más humilde artesano hasta el más alto líder político, puede encarnar las cualidades del guerrero espiritual en su vida diaria. Esto se logra no mediante la confrontación física, sino a través del enfrentamiento y superación de las propias limitaciones internas, el desarrollo de la resiliencia y la búsqueda constante de la excelencia en todas las acciones que acomete en su vida, características innegables en un artista marcial verdadero.

El guerrero aparece como un pilar de fuerza, disciplina y honor.

La práctica es un proceso continuo que fortalece el cuerpo, la mente y el espíritu dotándolo de técnica, valores y responsabilidad. Todo ello permite mirar cara a cara a la muerte. El guerrero, lejos de temerla, la acepta como una parte inevitable de la vida y la utiliza como un recordatorio de la necesidad de vivir con grandeza y dignidad. Esta «memento mori» es una fuente de valor y claridad que permite al guerrero/artista marcial enfrentar la existencia con una perspectiva centrada y trascendente, consciente de la fugacidad de la vida, lo ilusorio del ego, el vínculo entre responsabilidad y libertad y la importancia de dejar un legado de valor para las generaciones venideras.


Al adoptar la disciplina, la ética y la espiritualidad de las artes marciales, podemos enfrentar los sonidos del viento de la guerra no solo con fortaleza y coraje, sino también con sabiduría y compasión. El guerrero espiritual, por lo tanto, no es una reliquia del pasado, sino un modelo continuamente relevante para aquellos que buscamos vivir una vida equilibrada, significativa y orientada hacia el bien común. Las artes marciales son, ahora más que nunca, el camino para hacer frente a estos vientos antes de cualquier tempestad que pueda irrumpir en nuestras vidas.

 

 

 

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