Un día maravilloso de Duan Bing



Si algo tienen las pruebas deportivas es el gran aprendizaje que podemos sacar de ellas. El Campeonato de Duan Bing de Unionwushu 2021 fue un enorme escenario de aprendizaje que aprovechamos desde el primer minuto de la preparación del equipo.


La formación infantil es compleja, requiere conocimiento, método, programación y adaptabilidad, pero también requiere una visión a largo plazo para encajar las piezas en un orden de progresión coherente y saludable.


En nuestro método, planificamos la formación del artista marcial desde las primeras edades con objetivos que trascienden cursos y edades. Nuestros objetivos son de crecimiento y mejora constante, partiendo de lo que vamos acumulando y comprendiendo durante el tránsito que va desde la infancia hasta la edad adulta.


Una competición es un aluvión inmediato de datos, situaciones, emociones y expectativas. Un verdadero festival de situaciones inesperadas, nuevas experiencias y afloramiento de lo que tenemos en nuestra mochila interior de desarrollo personal.


Este impactante festival, está siempre iluminado por ilusiones, esfuerzo, trabajo y camaradería. Un perfecto trasfondo para el cultivo y forja del espíritu que pretendemos fomentar. No queremos estimular a campeones o campeonas obsesionados con victorias irreales, queremos facilitar a cada uno de nuestros alumnos el camino de afloramiento de toda la riqueza que cualquiera de ellos lleva dentro por el mero hecho de ser un Ser humano.


El papel de los mayores es facilitar este proceso sin interferir, detectar los potenciales para estimularlos, fomentar el espíritu analítico sin obsesiones, observar para proponer rutas alternativas abiertas; descubrir junto a ellos cómo podemos entender qué necesitamos y cómo podemos alcanzarlo con inteligencia, paciencia, constancia e ilusión. Cuando la competición se convierte en esto, todos crecemos.


Lo de ayer fue un ejemplo de todo nuestro equipo de cómo gestionar este impresionante momento. Cómo recuperarse de unas expectativas no cumplidas, comprendiendo los matices y sin caer en la autocompasión. Como secar las lágrimas poniendo el foco en algo mucho más importante que una victoria o una medalla, quizá en la mirada de un padre orgulloso por el esfuerzo, la valentía y la perseverancia de un hijo que no para de regalar enseñanzas a diario.


Esa satisfacción, ese acoger a nuestros menores para mostrarles cómo ser mayores sin nuestros propios defectos, comprendiendo lo que nos hubiera gustado recibir a nosotros en las mismas circunstancias, genera una red humana de crecimiento que convierte al grupo en una única entidad plagada de corazones que pulsan en un mismo ritmo ascendente.


El alma de nuestro equipo tiene estos fundamentos. Tenemos la suerte de tener a nuestro lado a padres y madres maravillosos que nos apoyan y comparten esta visión, familias que comprenden la enorme responsabilidad de conseguir que nuestros hijos e hijas crezcan con el equilibrio que proponen las artes marciales. Con una clara visión de lo justo, con una perfecta interacción y camaradería para que, entre todos, se compartan las tensiones que venían de los perfiles indetectados de nuestras pequeñas individualidades mal planteadas. Si algo hace fuerte al ser humano es su capacidad de agruparse, compartir y crecer entre pares que miran hacia un mismo objetivo: ser hoy más que ayer y seguir intentándolo, juntos y por separado, mañana y siempre.


No hay victorias o derrotas, hay voluntad de crecer y aprovechar todo lo que la vida nos pone por delante para asumir, desde esta perspectiva, los retos que estas vicisitudes nos proponen a diario.


En esta competición hemos aprendido todos. Profesores, padres, madres, alumnos, amigos… Hemos dado este primer paso de exploración para definir la segunda fase de desarrollo del equipo, una fase que continuará con una visión mucho más clara de la realidad, con unos alumnos que comprenden la impactante contundencia que separa a la ilusión de los hechos, una visión que nos muestra que para alcanzar nuestros objetivos no podemos movernos en el terreno de lo intermedio, del «casi», o de la suerte.


En ese territorio siempre cabe la injusticia, la falta de rigor y el desamparo. Nuestro terreno objetivo es la plenitud, el no dejar margen a la interpretación y alcanzar nuestras metas de una forma clara, objetiva e indiscutible. De ahí la insistencia en los sistemas marciales tradicionales de alcanzar una excelencia en el arte que, en la mayoría de los casos, suponía la diferencia entre morir o seguir viviendo.


Este es nuestro camino, como decía uno de nuestros padres: «o ganamos o aprendemos». Hacemos nuestro ese lema maravilloso (gracias, José) y nos ponemos ya a trabajar con todo el material técnico que vamos recibiendo para desarrollar los aspectos prácticos que determinarán esa ganancia de excelencia, un paso fundamental para no encallar en la complacencia, ni estar más tiempo de lo debido en el espacio que separa el aprendizaje de la acción.


A todos y todas los que formamos el Kung Fu Clan de Wushu University, enhorabuena, gracias siempre y demos juntos el siguiente paso.


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