ARTES MARCIALES CHINAS

Más de dos mil años de historia marcial

Utilizamos vulgarmente la palabra Gōng Fu (Kung Fu) para designar al conjunto de las artes marciales chinas. Esta definición, errónea a priori, tiene que ver con el uso que desde determinados sectores occidentales se hizo del término en tiempos pasados.


En realidad, la palabra significa fundamentalmente «habilidad adquirida con esfuerzo». Es por ello por lo que, en la tradición china, se utiliza para resaltar el nivel de habilidad que una persona tiene sobre una determinada disciplina artística.


A lo largo de la historia se han utilizado diferentes términos para referirse al conjunto cultural que suponen las artes marciales chinas. El más popular y actual de ellos es Wǔshù, que se traduce literalmente como arte marcial.

Estilos y fundamentos

Las artes marciales chinas son un conjunto de sistemas y estilos pugilísticos desarrollados durante cientos de años, tanto en el entorno militar como en el civil. Estos sistemas o estilos se componen de todo un cuerpo de conocimiento relativo al conflicto físico, a la interacción del individuo con otros en términos combativos y, en muchos casos, de un modelo o vía filosófica para afrontar los vaivenes de la vida.


La clasificación de estos estilos es muy diversa y encontramos divisiones por zonas geográficas (estilos de norte o de sur), por etnias (musulmanes, Hakka, tibetanos, etc.), por vínculos con religiones y filosofías (taoístas o budistas) o por el carácter de su entrenamiento en términos psicofísicos (internas o externas).


En cualquier caso, se trata de estilos completos que incluyen un cuerpo de conocimiento filosófico, social, técnico, táctico y estratégico en torno a la idea de la capacidad de supervivencia del individuo en el combate utilizando procedimientos técnicos muy estudiados.


Aunque los objetivos de práctica son muy diversos, y cada persona entrena buscando unos u otros, todo en el Wǔshù gira en torno a la efectividad combativa de sus propuestas. El entrenamiento de habilidades, el control mental, el fortalecimiento y mejora general de las cualidades físicas, así como los planteamientos de progresión tienen mucho que ver con una cultura específica de trabajo psicofísico inspirada en la filosofía tradicional china, en su medicina tradicional y en su cultura social ancestral.

Muchos de los preceptos que se estudian o trabajan en algunos de los estilos tienen su origen en las primeras etapas predinásticas (dinastía Zhou), aunque hay antecedentes arqueológicos que muestran posibles gérmenes anteriores.


La visión de las artes marciales chinas tradicionales parte de una estructura de maestro, discípulo y aprendices, con una transmisión directa y oral durante cientos de años. En la actualidad, muchos investigadores chinos y occidentales analizan las diferentes influencias que han tenido las sucesivas invasiones del país por parte de fuerzas extranjeras, sus contactos con otras culturas asiáticas y la propia idiosincrasia científica del pueblo chino en la configuración de sus modelos de adiestramiento y desarrollo de habilidades superiores en el arte del combate.


Los estilos manejan conceptos de lucha cuerpo a cuerpo y lucha armada. Sus modelos técnicos suelen ir agrupados en técnicas encadenadas o formas, que constituyen el alma teórica de cada rama del estilo. Algunos estilos tienen más de 100 formas en su estructura y muchos se basan en principios fundamentales aplicables a las técnicas corporales de ejecución.


Golpes, defensa, agarres, pateos, proyecciones, barridos, etc. son habituales en casi todos los estilos que estudiemos.


En nuestra escuela trabajamos diferentes estilos, partiendo de un núcleo de estudio indiscutible que es el Hung Gar Kuen, uno de los sistemas de boxeo más característicos del sur de china.


Existen muchos otros estilos sureños que comparten muchos de los principios que se manifiestan en este excepcional estilo. Algunos, como el Choy Lee Fut o el Wing Chun comparten estructuras y modelos de acción claramente identificables por cualquier persona profana en la materia.


Su estructura se compone de bases y fundamentos físicos y mentales, acondicionamiento, principios conceptuales, técnicas, tácticas, formas de mano vacía, formas de armas y formas a dos personas. En su entrenamiento, el alumno aprende a conocer su cuerpo, a entender sus límites y la forma saludable de aproximarse a ellos en el ámbito del desarrollo marcial. Conceptos como la respiración, la focalización o los sonidos se distribuyen en una progresión ascendente que va desde las formas simples de aprendizaje a las formas complejas, que transforman los músculos y tendones y adaptan la mentalidad a un espíritu determinado para la lucha.


Es una vía de crecimiento personal que va desde lo marcial hacia lo espiritual en un trayecto que comienza en el primer día de entrenamiento y nos acompaña hasta el final de nuestros días. Una mejora constante a través de un modelo transmitido de maestro a discípulo durante cientos de años.


Los practicantes de artes marciales chinas acceden al entrenamiento sin grados ni perspectivas de nivel. El maestro o profesor va evaluando progresivamente su evolución para ir introduciendo nuevas propuestas de práctica y estudio, así como nuevas formas en las que basar su trabajo personal de desarrollo.


El combate y las formas son los dos polos de una fórmula ancestral de entrenamiento más que comprobada. Los maestros muestran al alumno todo aquello que él necesita para comprender la vitalidad y el amplio espectro de funcionalidades que hay detrás de cada ejemplo técnico estudiado. Después, la experiencia combativa del alumno y su acento en la investigación, así como su entrenamiento diario, determinan el grado o nivel alcanzado en la interpretación del arte.


Por este motivo, la práctica no tiene plazos ni finales, es un procedimiento continuo de mejora que se recorre de forma paciente, tenaz y esforzada, palabras que subyacen en el significado real de la palabra Gōng Fu.