Entrenamiento específico en el Wushu.


«Y es precisamente tarea de la filosofía el revelar a los hombres la utilidad de lo inútil o, si se quiere, enseñarles a diferenciar entre dos sentidos diferentes de la palabra utilidad.»


PIERRE HADOT

Ejercicios espirituales y filosofía antigua


El entrenamiento del Wushu, (Wǔshù xùnliàn), no puede establecerse en términos generales como ocurre con disciplinas deportivas mucho más simples. No todos los estilos mantienen los mismos objetivos en su entrenamiento, ni en orden, ni en modelos, ni en cargas ni, sobre todo, en funcionalidades.


En términos de entrenamiento, se generaliza excesivamente sobre la actividad física como si fuese un mismo «todo» equivalente para cualquier disciplina. A veces perdemos de vista la simple perspectiva de lo tonto que podría suponer para un escalador hacer entrenamientos similares a los de un maratoniano. Aunque todos tenemos una misma estructura anatómica, la funcionalidad de la actividad determina por completo el modelo de entrenamiento que debemos seguir, siempre atendiendo a las peculiares características personales del entrenado.


En el Wushu, tanto moderno como tradicional, esta norma alcanza su máxima expresión en las diferencias de entrenamiento que debe abordar un atleta de Daolu frente a uno de Sanda. Todo no vale y las exigencias en uno u otro terreno son claramente distintas, tanto en lo físico como en lo técnico.


Lo mismo ocurre cuando hablamos de entrenamiento moderno o tradicional. Partamos de la base de que deberíamos siempre tener en mente la diferencia abismal entre un concepto puramente deportivo/competitivo y lo que significa asumir un modelo de transformación personal desde la perspectiva marcial tradicional. Confundir ambos terrenos para establecer un modelo de entrenamiento estándar óptimo para ambos escenarios de práctica es, cuando menos, una pretensión fruto de una profunda confusión.


Es evidente que hay elementos transferibles, útiles, necesarios en ambos terrenos y en ambas direcciones de influencia. Elementos ocasionalmente extrapolables pero, en cualquier caso, elementos que deben integrarse y amoldarse al cuerpo principal de instrucciones y fundamentos sobre los que se asienta la teoría y programación técnica definitiva del entrenamiento específico para cada caso.


Cuando vemos a gente de Wushu haciendo entrenamientos funcionales militares o a gente de Sanda planteando modelos propios de un culturista, olvidamos que las funcionalidades deberían estar jerárquicamente por encima de las puras cualidades que pretendemos entrenar. Los niveles de fuerza, resistencia, flexibilidad, equilibrio, etc., deben ser máximos en los parámetros funcionales específicos en los que pretendemos utilizar las cualidades entrenadas.


Por este motivo, extrapolar conceptos propios de la actividad física enfocados a una generalidad de disciplinas deportivas es, a groso modo, un error en el que no deben caer ni el entrenador de Wushu deportivo ni el profesor de tradicional.


Por desgracia, asistimos actualmente a un periodo complicado en la vida de cualquier deportista o artista marcial. Las restricciones impuestas por el coronavirus han trastocado el modelo de entrenamiento, las competiciones, las posibilidades de asistencia y un sinfín más de elementos que comprometen la adherencia a la práctica para los habituales usuarios de escuelas marciales y centros de entrenamiento.


Si a esto añadimos el daño colateral de la emergencia desproporcionada de «entrenadores online» con un alto perfil mediático, pero sin experiencia contrastada en el entrenamiento específico del Wushu o de métodos marciales tradicionales, la balanza está más descompensada que nunca.


Los youtubers hacen también su trabajo, convirtiendo el entrenamiento en una inagotable fuente de ejercicios novedosos que buscan, más que integrarse en un modelo sinérgico de entrenamiento sometido a objetivos, sorprender por lo novedoso de sus propuestas y por lo atípico/curioso de sus ejercicios.


Podemos decir que estamos en mitad de una tormenta perfecta para todo tipo de lesiones, involuciones en los entrenamientos personales y confusión global sobre qué debe contener un entrenamiento, cómo deben distribuirse e incrementarse las cargas y cómo aplicarlo correctamente a la funcionalidad y objetivos/metas del artista marcial.


Parece que todo queda supeditado a una estética visualmente atractiva para las redes, a una original estructura de movimientos que no sirven para mucho o, quizá lo peor de todo, a una tendencia consumista de novedades, efímeras propuestas que acaban cuando la gente comienza a sentir alguna molestia insospechada en alguna parte de tu cuerpo que no conocía.


Para no perdernos en este maremágnum informativo confuso, debemos centrarnos en la esencia de nuestra práctica. La formación marcial incluye estos dos elementos fundamentales, aprendizaje y desarrollo. Debemos aprender elementos técnicos y filosofías de acción que necesitan optimizarse por medio de una mejora de nuestras cualidades físicas básicas y específicas.


También necesitamos una adaptación de nuestras habilidades motrices a las exigencias dinámicas de la disciplina, que siempre deben estar enmarcadas en las propuestas técnicas propias del estilo.


Debemos asumir estas dos realidades sin perder de vista la relación intrínseca existente entre ellas porque el entrenamiento marcial no es solo entrenamiento, es aprendizaje y es, sobre todo, una correcta gestión de estos dos elementos para que generen las sinergias que garantizan el progreso armónico de desarrollo en ambos terrenos.


Las artes marciales tradicionales no son un simple deporte, no se pueden utilizar modelos generales de entrenamiento deportivo para algo tan específico. Las artes marciales tradicionales, en general, presentan diferencias importantes entre ellas, contrastes que exigen modelos de entrenamiento diferentes para cubrir sus necesidades individuales. Las artes marciales tradicionales necesitan un plan global de gestión de su progreso, un plan de investigación que les permita seguir optimizando sus principios y la calidad de sus propuestas pedagógicas y de entrenamiento. No deben alimentarse de originalidades ocasionales desconectadas de su propia realidad funcional.


Debemos estudiar los principios y fundamentos, la teoría del arte, los sistemas y sus peculiares formas de utilización. Debemos conocer en profundidad la materia que pretendemos aprender o entrenar para poder fijar nuestros objetivos y abordarlos con garantías de éxito. Para lograrlo debemos vincular «ejercicio» a necesidades básicas del sistema para su efectividad como método de vida, un método que no excluye el conflicto físico y que se prepara concienzudamente para afrontarlo.


Las artes marciales son un camino de vida integrativo pero peculiar y específico que, como todo, necesita que se respete su propia idiosincrasia dentro de este mar desconcertado de procesos simplificadores y homogeneizantes en el que nos encontramos inmersos.


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