ENTRENAR LO COMPLEJO PARA LLEGAR A LO SIMPLE


Lo simple es lo más efectivo. Esta frase la tenemos presente siempre que estamos valorando la operatividad de los sistemas marciales frente a situaciones de combate real. Parece que la complejidad de muchas técnicas estudiadas no tiene cabida cuando las situaciones se tercian y lo real sustituye al laboratorio de ideas y acciones en que hemos convertido el Wushuguan.


Nos encontramos ligeramente enmarañados entre conceptos, realidades e ilusiones. Y deberíamos deberíamos esforzarnos por aclarar el orden y sentido de las cosas para que se fortalezca el sentido real de la práctica.


Cuando vemos ejecuciones técnicas combinadas, lo que algunos llaman combos, solemos pensar que estas ejecuciones tienen una traslación exacta o aproximada a la lucha de supervivencia, y en esto podemos estar totalmente equivocados.


Los ejercicios de combinaciones técnicas, combinaciones que precisan de un orden de acontecimientos, unas instrucciones de colaboración y una serie de ritmos y velocidades acordes a las circunstancias, son ejercicios para mejorar nuestra habilidad combativa, nuestra capacidad de transformar las técnicas o de entender los sutiles cambios que las podrían conectar. No se trata de un entrenamiento reproducible paso a paso en la calle.



Desde esta afirmación cabe preguntarse qué sentido tiene entrenarlas si todos los que nos dedicamos a la docencia insistimos, una y otra vez, en que lo más simple es lo más efectivo. Aquí está el quiz de la cuestión y el eje que puede enmarañar nuestra comprensión profunda de la práctica.


Revisemos tres elementos fundamentales que entran en juego en este tipo de reflexiones. Arte, Marcial y Habilidades. Cuando nos referimos a Wushu Kung Fu estamos uniendo estos tres elementos, es decir, estamos hablando de un arte para la guerra que puede ser utilizado con un nivel de habilidad desarrollado a través del esfuerzo y el trabajo constante. No podemos hacer una traducción literal que reduciría considerablemente el espíritu que esconden estas palabras.

Sin sentimiento, devoción, amor por el arte y por conseguir nuestra máxima expresión de él, es imposible experimentar todo aquello que este tiene para regalarnos.

Al referirnos al ARTE hablamos de una forma de expresión a través del método, de la creatividad que impone a la estructura nuestra particular percepción de los elementos que componen la actividad. En la pintura, la escultura o la música todo esto parece muy evidente, pero cuando hablamos de la lucha parece que el adorno tiene que revestir un concepto que nada tiene que ver con la estética. El arte en el ámbito de la lucha es una forma de expresión personal en la que lo aprendido se manifiesta de una forma absolutamente particular, individual, personal y desde lo más profundo de lo que somos, lo que creemos ser y lo que nos gustaría ser.


Cuando nos referimos a MARCIAL estamos hablando de un espíritu de enfrentamiento a las cosas, de no titubear ni dudar frente a la adversidad. Hablamos fundamentalmente de asumir responsabilidades y utilizar los medios necesarios para lograr mantenernos a salvo de los peligros inherentes a la vida. El concepto guerra se utiliza de una forma diferente a la habitual. No es simplemente una referencia a los orígenes militares o combativos de los sistemas. Es una forma de exponer la idea de conflicto con posibles repercusiones negativas para nosotros. Alejándonos del concepto de competición, tratamos este punto como el espíritu de valorar nuestra vida como un tesoro y llevar los esfuerzos hasta el límite para mantenerla, aunque este camino tenga que asumir la violencia, la agresividad, la ira o la injusticia. El camino marcial es la forja de un espíritu inquebrantable que devuelve a la vida todo su valor conceptual.


HABILIDAD es otra cosa. Tratamos de conseguir competencia en nuestras acciones, talento, capacidad de realizar con efectividad aquellas tareas que nos proponemos. La habilidad no tiene un límite, es un trayecto hacia una imposible perfección que nos mantiene en el filo de la navaja. Mientras buscamos esa quimérica perfección encontramos fragmentos de felicidad proporcionados por la toma de conciencia de nuestra mejora, de nuestra diferencia entre el antes y el durante. Tener habilidad para ejecutar una técnica determinada en una situación real significa muchas cosas. Esta habilidad no es fruto de un trabajo continuado sobre una única cosa. Es el resultado de muchos esfuerzos diferentes confluyendo en un momento determinado y sumándose a un núcleo trabajado e indefinidamente proyectado.



Si vemos estos tres elementos por separado entendemos perfectamente que son, por si mismos, caminos de elevación que llevan al individuo a mejorar en cada uno de estos campos, pero también fomentan de forma indirecta la excelencia progresiva en los otros. El abordaje conjunto en un método de trabajo bien diseñado, explorado, experimentado y probado no es nunca una garantía de resultado si el individuo no se entrega en cuerpo y alma al proceso. Sin sentimiento, devoción, amor por el arte y por conseguir nuestra máxima expresión de él, es imposible experimentar todo aquello que este tiene para regalarnos.


Sintetizar todo este conjunto enorme de elementos en una simple ejecución técnica efectiva requiere muchos años, todos los años. Lo simple es más efectivo, pero para que lo sea debemos ser capaces de identificar, orientarnos, decidir y reunir todos los elementos globales que constituyen esa minúscula partícula de inmunidad.

Este grueso trabajo, este gran conjunto de elementos combinados, teorizados, compartidos, forma parte de una vía que no sólo se centra en la autodefensa, busca el desarrollo de las habilidades que necesitamos para poder llevar a cabo la minúscula acción correcta, lo oportuno sin titubeos y con potencial de transformación según cambien los elementos en juego.


Esto no es fácil, no se consigue aprendiendo cuatro trucos, no es posible acceder a la excelencia desde lo poco, cuando al poco que nos referimos es una esencia y no una simple gota de agua de un pozo inagotable. Trabajar la complejidad nos aclara lo simple, esforzarnos por conseguir habilidad en elementos muy complejos nos aproxima a la efectividad del milímetro y el milisegundo decisivo, aquello que marca el límite entre la vida y la muerte.


Es preciso que tengamos esto muy claro porque, lejos de la idea de florituras y espectacularidades a las que nos invita el cine o la competición deportiva, el trabajo complicado simplifica lo simple y nos aproxima a una versión de nosotros más capaz de actuar cuando, como y donde tenemos que hacerlo.

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