• Francisco J. Soriano

Meditación y muchas cosas más.

"La iluminación nunca sucede. Está ahí; siempre esta ahí. La sadhana que haces es solo para ver que está ahí. No estás haciendo sadhana para construir la divinidad dentro de ti. Todo lo que construirás es solo ego.".


SADHGURU JAGGI VASUDEV


Cayó en mis manos un meta estudio publicado en nature.com que venía a corroborar algo que ya intuía, o sabía, y que a más de uno no le resultará extraño. En dicho meta estudio se concluye que la meditación no tiene ningún efecto significativo sobre el nivel de agresividad, los prejuicios o el grado de conexión social de quienes la practican.


En un espacio social en el que imperase el sentido común nadie se habría sorprendido al leer esta noticia. El problema aparece debido a la habitual pérdida del sentido común en el limbo de las multiterapias alternativas y las fantasías espiritualistas, esas que tanto demanda una sociedad profundamente materialista como la nuestra.


Decir a boca llena que a través de la meditación se sana el alma, se reduce la agresividad o se eliminan los prejuicios es, además de irresponsable, profundamente perverso cuando no se cuenta de trasfondo con experiencias personales reales en dichas transformaciones.


Y es que no debemos equivocarnos y confundir procedimientos, objetivos y resultados. Meditar no te garantiza nada, es un ejercicio para desarrollar un mayor control sobre nuestra mente racional. Pensar que tu agresividad natural se va a rebajar porque medites todos los días delante de una varilla de incienso es, cuando menos, de risa. Creo que cualquier experimento que se haga con este tipo de meditadores iluminados, experimentos del tipo decirles a la cara «no me creo tu milonga espiritualista», nos mostrará de inmediato cómo resucita la eliminada violencia y nos cae encima una del 15. De hecho, si eres meditador y al leer esto que acabo de escribir te enfadas, acabas de ser un ejemplo claro de esto que acabo de explicar: welcome to the jungle.


En este meta estudio se investigan los resultados de múltiples estudios realizados sobre los efectos de la meditación en modelos tan populares como el mindfulness, esta panacea que viene a redescubrir lo que otros ya hacían, de una forma menos mediática y remunerada, hace unos miles de años. También se fija el análisis en la precisión o fiabilidad de los estudios que aseguran virtudes increíbles para estas disciplinas «mentales». Como era de esperar, el resultado es un baño de humildad y sinceridad obligada a todos los charlatanes del mundo espiritual «falso».


Meditar es una herramienta, una vía de mil métodos posibles para ganar control sobre nuestra mente. Este control nos permite enfocar y afrontar los objetivos vitales que nos marquemos, siempre dentro del marco moral inducido desde las primeras etapas de nuestra vida por nuestra sociedad, nuestra educación, nuestra cultura/religión y nuestra familia.


Decir que la meditación cura la agresividad es no tener ni idea de lo que ambas palabras significan y, de paso, cargarse sin reparos la utilidad real de estas prácticas ancestrales. Si el estudio se hubiese realizado con el objetivo de ver cómo puede apoyar la meditación otros procesos de mayor calado, como podrían ser el marcial, el psicológico o el religioso, entre otros, seguramente los datos habrían sido diferentes. Máxime si contamos con el importante índice de subjetividad que dicho análisis tendría de antemano.


Podemos entender la meditación, en el contexto de las artes marciales, como una herramienta más de un nutrido grupo de procedimientos para mejorarnos. Ser capaz de decidir voluntariamente apartarse de una vía de pensamientos, que pueden estar activando emociones que no queremos tener en un momento determinado, es una gran fórmula para evitar problemas. No podemos descartar esta potente herramienta para el auto control que se le debe exigir a toda persona entrenada en el combate Pero, por supuesto, debemos desvestirla de fantasías, de poderes telequinéticos y de cualquier milonga propia de películas de los Shaw Brothers.


Podemos meditar a partir de estados avanzados de concentración logrados en la ejecución de una forma, podemos meditar mientras estiramos tomando conciencia de nuestra tensión y nuestra respiración, podemos meditar mientras repetimos de forma cíclica una técnica prestando la máxima atención al momento y sin apartarnos de él. Todo esto es, de algún modo, meditar. Debemos tener todo esto claro partiendo de la base de que estamos utilizando un modelo de trabajo para la mente, y no una llave para abrir la puerta a los aparentes súper poderes de todos estos falso gurús que inundan el mercado de lo alternativo.

 

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