Retiro Covid-19. Nota 2

"Después de tantos años estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir, y prudencia para sobrevivir".


Fernando Savater



La situación continúa. Se recrudecen poco a poco las medidas que el gobierno establece para que la gente se quede en su casa. Contrastan estas medidas con una aparente inconsciencia ciudadana de algunos que han decidido jugar con otras reglas.


La situación para terceros es terrible y esto nos va a exigir un gran sacrificio. Hemos de desempolvar esta palabra, sacarla del trastero de nuestros significados en desuso y reavivarla desde el corazón y la comprensión de lo que ocurre.


El drama humano está por llegar con la enfermedad y el drama económico y social comienza ya a manifestarse. Es complicado pedirle a un padre de familia que se quede en su casa cuando es el único ingreso del hogar. Hacerlo además cuando este vive bajo la amenaza de perder el empleo, posiblemente para siempre es, cuando menos, iluso. Quizá un gobierno del pueblo, y para el pueblo, garantizaría de antemano los recursos que cualquier familia va a necesitar para sobrevivir en estas condiciones.


Quizá, con esta confianza y seguridad sería más fácil detener al virus, contener a la gente en sus casas. Parece que en lo de «vencerlo con la solidaridad» no entra el gobierno. Un gobierno aparentemente lento y sin las cualidades y altura de acción que una situación como esta requiere. Quizá, lo único justo ahora es hacer las preguntas más sinceras e inteligentes que podamos.


La situación es de una complejidad extrema, con una tensión permanente entre abrir las puertas un poquito a la enfermedad mientras que la economía de las personas se va desmoronando lentamente. Un sin sentido que nos mata desde dos ángulos diferentes.


Posiblemente es verdad que es el momento de la solidaridad. La de los ricos con los pobres, la de los políticos con el pueblo, la de los más fuertes e inteligentes con los más débiles y estúpidos. Por desgracia, nos encontramos con muchos de estos últimos tomando decisiones locas, sin un plan real de fondo y con una única preocupación muy practicada en todos estos años pasados, el corto plazo y el interés personal.


En nuestro sector, muchos se han lanzado rápidamente a ofrecer servicios On Line. Lo han hecho fruto de esta angustia por sobrevivir, por mantener vivos negocios que seguramente no podrán ya remontar el vuelo sin ayuda después de todo esto. En nuestras prácticas se habla de controlar el miedo, de no actuar bajo su influencia. El miedo nos impide ser precisos, justos y equilibrados. Actuar de esta manera es un movimiento que parte de una premisa equivocada, de un error de base sobre el que deberíamos reflexionar. No se trata del mundo contra nosotros, de una situación individual que puede solventarse por terceros; estos terceros no son ajenos al problema, viven en la misma angustia e incertidumbre que nosotros.


Parece que nos estamos olvidando que los que podrían adquirir estos servicios, nuestros potenciales clientes, están ahora mismo más preocupados por la comida de sus hijos, sus hipotecas o por la salud de sus mayores. Quizá ahora no es momento de vender, es momento de dar lo que se pueda y reducir al máximo lo que consumimos. Esta crisis ya la vivieron nuestros abuelos y abuelas en guerras, hambrunas y políticos incompetentes. De este trío solo nos han quedado los últimos, aderezado por un virus con corona. De nuestros abuelos y abuelas nos queda la generosidad, la comprensión, la acción decidida por sobrevivir y hacerlo sin perder la ética, una de la que se supone que nosotros somos de los últimos exponentes de una sociedad ya casi sin valores.


Es un momento de sacrificio total, de generosidad total, de servicio absoluto para la vida del grupo humano. Pero debe ser de todos, no solo de los médicos y personas que se juegan la vida para que la máquina global no se pare. Es importante que seamos todos, incluidos los de arriba, para que la carga se reduzca, no solo la viral, también la de supervivencia.

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