ENTRENAR SANDA 3. OBJETIVOS Y TÁCTICA


El entrenamiento obedece siempre a una serie de objetivos que pretendemos alcanzar. A veces hablamos de estrategia o de táctica confundiendo ambos términos y sin vincularlos correctamente al eje que los define: nuestros objetivos.


George T. Doran utilizó por primera vez el término “Smart” para explicar las características que definían con claridad y precisión un objetivo en el ámbito de los negocios. Smart es el acrónimo de las palabras Specific, Measurable, Achiebeable, Realistic y Timely.


El primero de estos cinco puntos es que los objetivos deben definirse de forma específica, con claridad y concreción, para que todos los implicados en el proceso para conseguirlos puedan diseñar correctamente los procedimientos para alcanzarlos.


La segunda característica es que estos objetivos deben poder medirse. Solo se puede establecer un procedimiento programado, escalar o periodizado para alcanzar un objetivo cuando podemos medirlo de forma precisa en términos cualitativos y cuantitativos.


La tercera característica es que deben poder alcanzarse, es decir, no suponen una aventura descabellada y, lo que sería la cuarta característica, se corresponden con el verdadero potencial disponible para lograrlos, es decir, deben ser absolutamente realistas.


Por último, deben ser temporalizables. Los tiempos del programa para alcanzar los objetivos deben también tener un orden lógico y responder a las exigencias de logro y realismo.


En el ámbito del Sanda, debemos definir nuestros objetivos a corto, medio y largo plazo tanto para el entrenamiento, como para las competiciones en las que se expresará el nivel alcanzado a través de dicho entrenamiento. Son dos ámbitos que tenemos que diferenciar con claridad porque para cada uno de ellos tendremos que definir expresamente una serie de objetivos Smart y las estrategias y las tácticas oportunas para lograrlos.


¿Cual es la diferencia entre estrategia y táctica? Cuando hablamos de estrategia estamos hablando del grueso del plan que tenemos para lograr nuestros objetivos. Es la matriz que agrupa, ordena y relaciona las acciones que tendremos que seguir para conseguir llegar a nuestra meta. Cuando estamos hablando de táctica, nos referimos a la estructura interna de estas acciones, las instrucciones que, una vez aplicadas, nos permiten desarrollar la estrategia previamente definida.

La táctica es el conjunto de acciones que, una vez aplicadas, nos permiten desarrollar la estrategia previamente definida

En el ámbito del entrenamiento, la táctica aglutinaría los conjuntos de trabajos que abordamos dentro del marco de nuestra estrategia global de entrenamiento. Hablamos de la periodización definida en base a un time line de objetivos y las acciones específicas que hacemos en cada sesión, microciclo, mesociclo o macrociclo, por hablar en términos de entrenamiento deportivo, que hemos prefijado en nuestro programa/estrategia del entrenamiento. Es preciso que estos objetivos, esta estrategia y esta táctica tengan en cuenta una gran cantidad de factores a la hora de definirse.

Comentábamos anteriormente que en el ámbito del Sanda todo queda condicionado por el reglamento de competición oficial de cada modalidad. Sin embargo, en el entrenamiento específico de la disciplina, las características particulares del entrenado, del grupo con el que entrena o los niveles de adherencia y cumplimiento del entrenamiento, entre otros elementos más, tendrán también mucho que decir.


En este sentido, la táctica que usemos para fijar las fases programadas tendrán que ser dinámicas, flexibles, interpretables y adaptables a la progresión dividida de todos estos elementos. Es un proceso complejo pero a la vez emocionante en el que el técnico que define, controla, transforma y propone las bases tácticas del entrenamiento, tiene que estar en un alto nivel de observación, de análisis y de síntesis de todo lo que ocurre en la línea de progresión del entrenado y sus circunstancias.


Por otro lado, el planteamiento táctico respecto al combate se nutre de un background de experiencias, codificadas y libres, de ejercicios combativos. Sin este trasfondo de procesos debidamente automatizados, difícilmente podremos hacer una adaptación inmediata a las características mutantes de los diferentes tipos de combate a los que el deportista se enfrentará en cada competición en el marco de su categoría.


Es primordial que no fijemos absolutamente las directrices tácticas, pero si fundamental que, en términos generales, la primera parte de todos los combates competitivos sí tenga un modelo táctico de observación activa, de propuestas de acciones para estudiar las reacciones del oponente en base a las cuales definiremos las tácticas específicas que podemos aplicar para la victoria.

Veamos un caso práctico para poder entender mejor esta idea. Imaginamos un combate en el que nos enfrentamos a un oponente más bajo que nosotros, con piernas muy sólidas y estructura atlética en el torso. Es muy probable que interpretemos al oponente como un virtual proyectador dada su corpulencia. Esto nos muestra un tipo de distancia determinada (corta) que debemos evitar con él. En el momento de comenzar el combate observamos que él no busca esta distancia, abre espacios en su guardia, realiza acciones de finta continuamente y parece huir de nuestras acciones de ataque. Es muy probable, en este caso en particular, que esté buscando un tipo de combate a la contra en el que utilice sus habilidades de lucha y boxeo en distancia corta precisamente cuando entramos en esta distancia para atacar. Nuestra táctica fundamental podría ser la de esperar igualmente, realizando acciones similares para ver cómo responde. Atacar puntualmente con acciones muy rápidas y potentes, sin olvidar que estamos entrando en su terreno cada vez que hacemos esto.

También podemos definir tácticas muy ofensivas en el primer asalto intentando anular el análisis del oponente e imponiendo nuestra impronta de combate desde el primer segundo. A veces las tácticas que utilicemos pueden tener tantas variantes como el instante concreto de la competición nos sugieran.

En cualquier caso, aunque se trata de un supuesto imaginado, podemos identificar los elementos que hemos utilizado a la hora de plantear la táctica para este combate virtual. Hemos presupuesto un modelo de acción en base a las características del oponente, también hemos analizado su modelo de combate y, por último, hemos definido una forma determinada de responder para aplicar las tácticas que hemos entrenado para este tipo de luchadores.

Es aquí donde aparecen los elementos que hemos trabajado en las sesiones de entrenamiento, de forma reiterada, para fijar patrones de respuestas de alta simultaneidad hacia el oponente.

Hasta ahora hemos intentado definir con claridad a qué nos referimos con estrategia y táctica cuando hablamos del entrenamiento y de la competición de Sanda. Es el momento de abordar los elementos técnicos que debemos trabajar en las sesiones, elementos que iremos viendo en próximas entradas a lo largo de esta serie sobre el entrenamiento del Sanda.

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