La injusticia de noticias mal planteadas


«Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen».


Willy Brandt


Resulta a veces inevitable entristecerse cuando lee uno titulares tan poco acertados como el de la noticia que comentaré en esta breve pero necesaria entrada. El titular dice así:


De las patadas de kung fu contra fotos en calle Larios

Las ‘artes marciales’ contra una exposición de fotos en calle Larios evidencian que no es tan grande el abismo entre las tribus melanesias y algunos especímenes locales

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Aunque es cierto que la imagen de nuestro colectivo ha sido muy difamada por la industria cinematográfica, y que cargamos con esa lacra de una forma u otra, la tradición de las artes marciales tiene una dimensión mayor de lo que cualquier profano en la materia pueda citar de forma superficial y sensacionalista en cualquier medio de comunicación.


Nadie debería asociar una vulgar salvajada, propia de gamberros callejeros, con el término «artes marciales». Parece coherente exigir un cierto tipo de conocimiento cuando se habla de algo así en estos términos, sobre todo porque acaban dejando una impronta equivocada y generalizada en la opinión pública sobre lo que significa la marcialidad y las artes vinculadas a este concepto.


Las patadas que derriban el mobiliario público no son de Kung Fu, son patadas de individuos que desahogan su malestar, su rabia, su maldad o su inconsciencia contra objetos que no llegan a valorar o conocer. Cualquiera podría encontrar cierta similitud entre este acto execrable de derribar a patadas lo que no se comprende, con el texto de esta noticia que agrede conceptualmente palabras tan importantes como «kung fu» o «artes marciales».

Las ‘artes marciales’ contra una exposición de fotos en calle Larios

El término Kung Fu (la forma correcta de escribirlo en pinyin sería Gōngfu) es una romanización de los ideogramas 功夫, que se pueden traducir como «habilidades». Se suele usar para referirse al conjunto de sistemas y métodos que forman lo que conocemos como Wushu (artes marciales chinas). No se trata de un arte marcial concreto sino de toda una tradición cultural milenaria sentada sobre bases filosóficas, morales, técnicas, históricas y sociales.


La esencia de la formación en artes marciales tradicionales es aportar equilibrio al practicante, mejorarlo como persona, aumentar su seguridad personal y establecer unos principios de armonía, justicia y rectitud para el individuo y para su sociedad. Esta estructura moral y ética queda contemplada en su modelo filosófico para la sociedad, el Wude (que se traduce como virtud marcial).


Estos valores, lejos de los que aparecen en las películas que sirven de base a noticias como esta, son los que, por desgracia, echamos en falta en muchas televisiones, periódicos, radio o redes sociales. El panorama se torna desolador cuando, con este tipo de informaciones, se confunde a la opinión pública sobre algunos de los pocos baluartes que nos quedan como sociedad para el fomento del civismo y la disciplina de nuestros jóvenes.


Lo que han hecho estos individuos tiene que ver precisamente con una falta absoluta de estos elementos: civismo y disciplina. Es muy probable que hubiesen podido adquirir algunos de estos dos valores si hubiesen practicado artes marciales en cualquiera de los numerosos centros de formación que se dedican a esto en nuestro país, y que lo hacen con responsabilidad y profesionalidad.


Este tipo de valoraciones gratuitas y sin base hacen daño mediático a un legado de gran valor histórico, cultural y humano. En las artes marciales no se enseña a atacar. En las escuelas de artes marciales enseñamos a defendernos con equidad, sin saña y con respeto por el oponente cuando ha cejado en su empeño de agredirnos. Es un camino de equilibrio que permite afrontar los retos de la vida con valentía y perseverancia, sin abuso ni competencia desleal.


Es un camino en el que la autocrítica es uno de sus principales pilares para el crecimiento personal y en el que aprendemos a encajar los golpes con dignidad y sin miedo, pero sin retroceder ni un centímetro cuando lo que se combate son injusticias como las que percibimos en el texto de esta noticia.


Esperamos que las próximas noticias de este tipo dejen de vincularse con las artes marciales y, sobre todo, que estén escritas con menos estereotipos injustos de base y con un poco más de sensibilidad y conocimiento sobre la materia.


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