La intensidad violenta del gesto



Beni Hasan, pinturas de la tumba 17, 2000 a. C..


«Bueno, supongamos entonces que siguiésemos un entrenamiento para boxeadores, pugilistas o atletas en alguna competición similar. ¿Deberíamos estar a favor de adentrarnos directamente en el torneo sin combatir contra un oponente durante los días previos? Desde luego, si fuésemos boxeadores, dedicaríamos varias jornadas anteriores al combate a aprender a luchar, y nos entrenaríamos duramente. Deberíamos ensayar todos los movimientos que habríamos de ejecutar en el enfrentamiento, llegado el momento, aproximándonos lo máximo posible a la realidad; y tendríamos que cubrirnos las manos con guantes de práctica en lugar de guantes de combate, para asegurarnos de recibir el mejor entrenamiento posible».


Platón, Diálogos escogidos, Leyes III 830 A-B


En la eterna discusión sobre la efectividad de unos sistemas sobre otros, se suele obviar un factor fundamental que determina la real aplicabilidad de una técnica. Este factor es el de la intensidad violenta del gesto aplicada en el momento exacto y oportuno de la lucha.


A veces confundimos la idea de movimiento violento con movimiento descontrolado, un sesgo que nos lleva a interpretar de forma incorrecta el verdadero significado de dicha definición.



En el entrenamiento, es tan importante entender las reglas que rigen sobre la aplicación de este principio de contundencia, como desarrollar los elementos que nos permiten enfrentarnos a situaciones en las que la dinámica de acción que recibimos tiene estas características.


La mejor forma de adiestrarse en la aplicación de dicha violencia de forma controlada es la ejecución técnica repetitiva en el ámbito del Daolu - 套路. La violencia gestual de la acción se puede aplicar en el Daolu en un rango muy elevado, contando siempre con una estructura corporal bien enraizada y una visualización oportuna del significado del gesto. Sin está visualización no se podrán vincular interiormente las experiencias de contacto y distancia trabajadas con el compañero y la acción en su rango máximo de aplicación en el Daolu.



Además del dominio adquirido sobre una determinada acción técnica, que implica velocidad, fuerza u oportunidad; la intensidad y violencia del gesto determinan en última instancia su resultado aplicativo real. Está intensidad violenta, debe siempre reducirse en el trabajo técnico con compañeros, incluso en el combate de entrenamiento, para evitar el inherente riesgo de lesión cuando se aplica el gesto técnico de esta forma.


La respuesta refleja de un brazo de alguien que sabe lo que viene no es, en absoluto, la misma que la de un brazo que se encuentra de repente sometido al 100% de la fuerza del que aplica la técnica. No hablamos solo de fuerza, ni de velocidad, ni de potencia; nos referimos al gesto imprevisible violentamente aplicado, con un punto de acción e intención (意 - Yi) máxima (發勁 - Fa Jin), que implica una casi nula respuesta adaptativa por parte del oponente.


La respuesta articular y de todos los tejidos que sufren dicha acción será, en la mayoría de los casos, extremadamente lesiva para el receptor, motivo por el que nunca debemos llegar a este extremo en ningún tipo de acción de entrenamiento. Incluso, cuando trabajamos el Daolu desde esta perspectiva, es preciso que controlemos la expresión final de la acción con cierto grado de contracción de reserva en todas las estructuras anatómicas implicadas. Esto no implica reducir la violencia del gesto, implica fundamentalmente establecer una estructura coordinada de tensión/relajación general que permita soportar las fuerzas aplicadas sin sufrir daños al hacerlo.


Las articulaciones son algunas de las estructuras que más pueden sufrir este tipo de acciones si no tienen la suficiente solidez y fuerza de aguante. Por este motivo, en las primeras etapas del entrenamiento, cuando el alumno es aprendiz nobel del arte, debería centrarse en definir correctamente la estructura funcional de acción y en fortalecer correctamente todos los segmentos que asumirán las fuerzas a las que pretende llegar.


Si esta etapa de construcción previa no se realiza correctamente, es probable que un entrenamiento repetitivo, generando estas fuerzas sobre una estructura no preparada, acabe generando daños crónicos que comprometan al final nuestra verdadera operativa luchatoria.


Es un error muy común, dadas las prisas de muchos de los que se acercan al estudio sin comprender que se encuentran frente a un proceso que va a durar años hasta que esté correctamente establecido.


También, algunos profesores inciden en las necesidades de testeo en fuerzas de mucha contundencia cuando no se ha realizado correctamente este trabajo previo. Es preciso prestar atención y paciencia al proceso para comprender que no podemos atajar caminos por más ganas que tengamos de expresar un determinado nivel; no podremos hacerlo nunca si no lo obtenemos de forma natural, progresiva y saludable.

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