El error de buscar lo absoluto



En la práctica marcial se da un fenómeno curioso, pero de fácil explicación. Al iniciar el entrenamiento, se percibe el arte como una herramienta prácticamente infalible para el combate cuerpo a cuerpo.


Nuestra confianza en el sistema es absoluta mientras que el grado de complicidad entre los practicantes, propio de las etapas iniciales, se mantiene en una alta proporción. Las imágenes de exhibiciones y películas se basan en este modelo de realización parcialmente teatralizada.


En la medida en que vamos adquiriendo destrezas sobre la ejecución técnica en entornos de alta complicidad, empezamos a sentir las ganas de explorar variantes de la técnica en diferentes situaciones y vamos reduciendo el grado de previsibilidad del entorno de aplicación. Ahí comienzan los problemas.


Lo que antes funcionaba perfectamente, ahora parece imposible de aplicar con claridad y eficacia. El resultado de tomar conciencia de esto se puede traducir en una merma de nuestra confianza sobre el estilo que practicamos, o sobre las artes marciales en general. Si a esto le sumamos las valoraciones peyorativas de gente no instruida en los sistemas tradicionales, que solo perciben clavos para su escueto martillo técnico, estamos ante una suma verdaderamente lamentable para nuestra percepción.


Si dejamos de creer en lo que hacemos será prácticamente imposible tener la motivación profunda que necesitamos para hacerlo; mermar nuestra autoconfianza con este pensamiento tan corto es como romper voluntariamente uno de los pilares que sustenta toda la motivación sobre el entrenamiento.


La solución para salir de este bucle desmotivador radica en redefinir nuestros objetivos con más claridad, sinceridad y coherencia, así como orientar correctamente el foco del entrenamiento hacia lo verdaderamente importante. La aplicabilidad de la técnica no depende exclusivamente de nuestra destreza sobre situaciones predefinidas, depende de muchos otros factores. Debemos entender que nuestro entrenamiento no garantiza nada más que un mayor potencial de autodefensa, siempre mayor que si no tenemos ningún conocimiento ni habilidad en el arte.


Aquí está la clave de todo. Si no tenemos ningún potencial desarrollado, nuestras respuestas para situaciones de lucha serán mucho menos efectivas SIEMPRE. Si lo tenemos, la ventana de posibilidades de solventar la situación será SIEMPRE mucho mayor.


Por otra parte, el objetivo clave de las artes marciales, además del de la autodefensa, es el desarrollo de todos nuestros potenciales físicos, mentales y espirituales. Es muy probable que basando nuestra motivación en una medición parcial y limitada del conjunto estemos incurriendo en un gran error de base. Puede transcurrir toda una vida sin que tengamos la necesidad de enfrentarnos físicamente a alguien, entonces, ¿qué justifica realmente todo este entrenamiento?

La solución para salir de este bucle desmotivador radica en redefinir nuestros objetivos con más claridad, sinceridad y coherencia, así como orientar correctamente el foco del entrenamiento hacia lo verdaderamente importante.

Todos los días tenemos retos importantes que abordar. Retos que requieren determinación, tenacidad, voluntad, paciencia, comprensión y proporcionalidad entre lo saludable y lo necesario. Todo esto también nos lo aporta el entrenamiento. Y no solo eso, también nos permite la sensación de disfrutar de algo que nos gusta, que es estéticamente atractivo y que nos enseña cómo somos, qué podemos hacer y cómo podemos mejorar.


Sí entendemos un enfrentamiento físico real como lo que es, un accidente puntual en nuestro camino de armonía, entenderemos que, aunque no siempre podemos tener el control de todo lo que nos ocurre, con un cierto grado de prevención (entrenamiento) si podemos minimizar el riesgo al que nos enfrentamos.


Podemos caernos al agua desde un barco y ahogarnos, pero las posibilidades de supervivencia siempre serán mayores en quien sabe nadar; y se incrementarán exponencialmente en quién tenga mejor resistencia, mejor técnica y mayor experiencia en el agua, esa es la clave real de la progresión.


Ese espíritu es quizá mucho más importante que sustentar la motivación para la práctica en la obtención de la garantía técnica definitiva: la invencibilidad. Pocas cosas son más irreales en el entorno combativo que dicho concepto.


Recuerda: la clave está en distinguir el incremento de potencial positivo que genera el entrenamiento frente a la ausencia de este y, además, en todos los beneficios reales que adquirimos en nuestro entrenamiento diario, beneficios que probablemente no podríamos adquirir en la misma proporción y profundidad con ningún otro método.


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