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Cuando educar también significa mirar al cuerpo

hace 2 días
3 min de lectura

Buena parte del trabajo que realizamos en una escuela de artes marciales tiene que ver con el aprendizaje del movimiento, la adquisición de habilidades y el conocimiento de una tradición combativa como el Hung Gar Kuen. Sin embargo, cuando la práctica se prolonga durante años cubriendo etapas importantes del crecimiento, resulta difícil mantener una visión exclusivamente técnica de aquello que hacemos. Enseñar artes marciales implica trabajar también con la atención, el esfuerzo, la frustración, la convivencia y la capacidad progresiva de cada alumno para regular su propia conducta y capacidades.


Esta perspectiva nos obliga a ampliar de vez en cuando el campo de observación, sobre todo al comienzo del curso escolar después de unas vacaciones tan largas como las del verano. Un niño que llega a clase cansado, excesivamente excitado o con dificultades para concentrarse no deja esas circunstancias en la puerta de la escuela. Entrena desde el estado físico y emocional en el que se encuentra y ese estado depende de muchos factores que se extienden mucho más allá de la propia sesión y de los verdaderos objetivos de su asistencia. El descanso, la actividad cotidiana, el entorno familiar, las relaciones sociales y, en particular, la alimentación, forman parte de una realidad que posteriormente se expresa en la manera de rendir físicamente, atender, reaccionar, aprender y relacionarse con los demás.


Esta última cuestión resulta especialmente importante porque la nutrición suele ocupar un lugar secundario cuando intentamos comprender determinados problemas de conducta y rendimiento, y sin embargo debería ocupar un lugar mucho más relevante.


Tendemos a analizar el comportamiento infantil y juvenil desde sus dimensiones educativas, familiares o sociales, pero prestamos mucha menos atención a las condiciones fisiológicas desde las que ese comportamiento se produce. Por este motivo, creo que introducirlas en la reflexión nos permite que podamos contemplar la autorregulación y sus efectos desde una perspectiva más amplia y comprender que aquello que pedimos a un niño o a un adolescente también depende del organismo con el que debe responder a nuestras demandas.


Para una escuela como la nuestra, esta cuestión tiene además una relación directa con la forma en que entendemos la educación marcial. La capacidad para asumir la carga de trabajo, detener una reacción impulsiva, aceptar una corrección o sostener la atención se construye mediante la práctica y la experiencia, pero forma parte al mismo tiempo de un organismo que necesita determinadas condiciones para funcionar correctamente.


Sobre esta temática, hemos publicado algunas entradas en nuestro blog y en nuestra plataforma de contenidos The Wuxing Club que ayudan a entender el fenómeno del rendimiento y conducta vinculado a una necesidad tan básica como la alimentación.  De cara al curso que comienza ahora, nos gustaría invitaros a la lectura de uno de esos artículos que publicamos de forma abierta abordando la relación entre nutrición, infancia y comportamiento. El artículo, titulado «Violencia escolar y nutrición. 01», aborda específicamente este aspecto que hemos señalado y propone contemplar algunos factores que rara vez forman parte de la conversación habitual sobre conflictividad escolar. Su intención es abrir un ámbito de reflexión que posteriormente pueda desarrollarse desde diferentes perspectivas y que nos permita relacionar conocimientos procedentes de campos que habitualmente estudiamos por separado.


Nos parece especialmente interesante compartirlo también desde Wushu University porque pertenece a esa zona de investigación que rodea y enriquece nuestro trabajo cotidiano más allá del inmediato contexto técnico marcial. Las artes marciales nos proporcionan un lugar privilegiado para observar cómo cuerpo, aprendizaje y conducta se afectan constantemente entre sí, por lo que creemos que seguir algunas de esas conexiones puede ayudarnos a comprender mejor qué estamos intentando educar cuando hablamos de desarrollo, atención, disciplina o autocontrol a través de la práctica marcial tradicional.


 

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