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Las altas capacidades en el Kwoon. (3/3)

  • hace 6 minutos
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Altas capacidades en el kwoon 3

Todo lo que hemos expuesto hasta ahora nos lleva a recalcar la importancia de las tareas semiabiertas, del tipo «llega a esta posición utilizando cualquiera de estas tres herramientas», o problemas verdaderamente abiertos en los que hay dar con la clave resolutiva de un escenario determinado. La progresión natural en estos casos sería avanzar desde imitar hasta comprender, variar, resolver y finalmente crear. En muchos programas infantiles se permanece demasiado tiempo instalado en los dos primeros escalones, cuando para determinados alumnos con altas capacidades son precisamente los tres últimos los que mantienen viva su motivación por la práctica.


Y todo esto repercute positivamente en todo el grupo de alumnos. Este tipo de alumnos formulan preguntas que permiten al profesor profundizar mejor en un principio o presentar variantes que, sin esa cuestión en el aire, posiblemente no se daría. También, desde su ejemplo de organización, pueden inspirar o despertar a alumnos que no han tenido el estímulo suficiente para ir en una dirección más exigente y productiva en su entrenamiento y aprendizaje.


La progresión natural del alumno

En estos casos, es preciso que obremos con cierta cautela analizando el impacto que esto tiene en el grupo, porque puede darse el efecto completamente contrario. Cuando uno de estos alumnos sobresale constantemente en este tipo de exposiciones, se pueden dar situaciones en las que partes del grupo lo aíslen o que se genere cierto resentimiento por una percepción equivocada o no controlada de esa superioridad. En cualquier caso, la regulación y dirección de estas tendencias forman parte de la responsabilidad del profesor. Este debe ajustar ese campo relacional y conseguir que las interacciones se conviertan en un estímulo útil para la enseñanza, descartando este tipo de riesgos improcedentes en el contexto de las virtudes marciales que buscamos.

La progresión natural en estos casos sería avanzar desde imitar hasta comprender, variar, resolver y finalmente crear.

El entrenamiento marcial proporciona a diario experiencias que relativizan cualquier jerarquía puramente intelectual y ayuda a que todo el grupo tenga los pies en la tierra cuando se trata de progresar desde el arte. Los alumnos descubren de este modo que la excelencia puede manifestarse de muchas maneras distintas en cada persona, y que la alta capacidad deja de ser una posición dentro de una jerarquía convirtiéndose en una característica más dentro de una comunidad muy diversa.


Aunque un niño comprenda contenidos propios de alumnos mayores, sigue necesitando relaciones significativas con compañeros de su edad, de modo que la solución educativa no debería consistir en separarlo del grupo, sino que puede mejorar el nivel de la clase al construirse una arquitectura didáctica más flexible. Esta puede lograrse combinando el entrenamiento con su grupo de referencia con determinados ejercicios junto a alumnos de nivel superior, mediante tareas específicas de enriquecimiento, con momentos de investigación individual y responsabilidades ocasionales; también a través de mentorías concretas que no se pueden plantear en otros escenarios pedagógicos.


Personalización sin segregación mediante la complejidad técnica marcial

Esta misma lógica de personalización sin segregación puede aplicarse directamente al contenido técnico. En las sesiones, el profesor puede ofrecer distintos niveles de dificultad sin cambiar la técnica que está enseñando en absoluto. Todo el grupo trabajaría el mismo contenido, pero la complejidad de las tareas específicas respecto al contenido cambiaría por completo según el alumno. En nuestra experiencia podemos certificar que esta forma de enseñar puede resultar enormemente útil para gestionar grupos heterogéneos sin necesidad de separar a nadie.

el profesor puede ofrecer distintos niveles de dificultad sin cambiar la técnica

Familia, alumno, profesor y compañeros

Otro punto fundamental que debemos abordar en relación con este tema es el papel de las familias. En algunos casos puede existir una necesidad excesiva de encontrar una etiqueta que ayude a explicar determinadas características del niño o de la niña. Hemos conocido situaciones en las que menores muy inteligentes, capaces y con un excelente potencial, aunque sin ajustarse necesariamente a los criterios de altas capacidades, se sienten de manera implícita o explícita llamados a demostrar unas expectativas que proceden del entorno familiar y de la identificación que este realiza de sus capacidades.


Expectativas adultas en las altas capacidades

Esta situación merece especial atención porque también puede favorecer la aparición de ofertas formativas que encuentran en las expectativas legítimas de las familias una oportunidad comercial. En ocasiones se presentan valoraciones poco rigurosas o se sobredimensionan determinadas capacidades con el propósito de reforzar una identificación que resulta atractiva para los padres y, a partir de ella, ofrecer programas, servicios o productos específicos. Por ello, conviene mantener una mirada prudente, apoyada en evaluaciones profesionales y criterios sólidos, que permita reconocer las altas capacidades cuando realmente existen sin convertirlas en una etiqueta deseable ni en un argumento de consumo educativo.

En ocasiones se presentan valoraciones poco rigurosas o se sobredimensionan determinadas capacidades

También nos referimos al riesgo de que, en esta misma línea, las expectativas adultas terminen colonizando el desarrollo del niño. Tenemos más de una experiencia real con frases de este tipo: «como aprende tan rápido, debería examinarse antes», «podría ser cinturón negro mucho antes que los demás», «tiene condiciones para llegar muy lejos». En algunos casos puede ser así, pero la capacidad abre posibilidades, no determina ningún destino indiscutible. Un niño sigue necesitando entrenar porque disfruta, porque encuentra sentido en ello, porque pertenece al grupo y porque quiere seguir viniendo.


Convertir sus altas capacidades en una obligación de excelencia puede terminar destruyendo precisamente aquello que se pretendía potenciar. La familia debería preguntarse en estos casos si el niño disfruta, si tiene amigos, si quiere venir, si acepta equivocarse, si se atreve a probar cosas difíciles y si está desarrollando una relación sana con sus propias capacidades, por muy altas que estas sean. El gran desafío del profesor consiste en encontrar ese punto intermedio en el que la integración, el desarrollo, el aprendizaje y el disfrute van de la mano, sin que las circunstancias maravillosas que suponen estas altas capacidades se acaben convirtiendo en un elemento que haga más mal que bien.

encontrar ese punto intermedio en el que la integración, el desarrollo, el aprendizaje y el disfrute van de la mano

Este tipo de alumnos también suponen un reto importante al profesor o maestro porque debe incrementar sus capacidades al máximo para poder gestionar correctamente en las sesiones esta potencia de aprendizaje inusual.  Aunque nunca hemos planteado optativo que el profesor ejerza respuestas autoritarios del tipo «pues lo repites porque lo digo yo», la frustración de no tener recursos para dar respuesta a las demandas de estos alumnos exige un reciclaje pedagógico permanente, así como un estudio de casos que permita definir las mejores estrategias para el diseño de sesiones con este tipo de niños.


Esto hace que, frente a la habitual frase de: «Esto ya me lo sé ¿Qué hago ahora?», antes de invitarle sin explicaciones a que siga repitiendo el ejercicio, tal y como señalábamos anteriormente, es preferible usar respuestas del tipo: «perfecto, si ya lo sabes, descubre ahora qué puedes aprender mientras lo repites», con lo que se abre ante él o ella otro nivel de entrenamiento completamente distinto.


Un último eslabón en la cadena de este análisis es el de la disciplina. El alumnado con altas capacidades debe transitar este territorio fundamental e insoslayable de desarrollar disciplina. Adaptar constantemente el entorno formativo marcial al niño puede transmitir, sin querer, la idea de que toda actividad debe resultarle intelectualmente estimulante en todo momento, y ni la vida ni las artes marciales funcionan así. Existen trabajoso básicos, repeticiones, preparación física, movilidad y limpieza técnica que sencillamente deben hacerse por pura lógica en el desarrollo. En este terreno, hay que explicar correctamente que elementos favorables aporta ser capaz de realizar algo que, a priori no representa ningún estímulo positivo inmediato, pero que nos acerca a un escenario que posiblemente pueda serlo.


La disciplina como vehículo de desarrollo.

Todos necesitamos experimentar alguna vez algo que nos obligue a esforzarnos de verdad. Para algunos niños ese territorio aparece en las matemáticas, para otros en el lenguaje o en la música, y para un niño que aprende intelectualmente con extraordinaria facilidad, quizá aparezca precisamente dentro del movimiento o de los retos naturales que propone la práctica marcial. Y esto es, quizá, uno de los grandes valores que puede aportar la práctica marcial a este tipo de alumnos al convertirse en un lugar capaz de integrar cognición, cuerpo, emoción, relación, incertidumbre y responsabilidad al mismo tiempo, algo que pocos otros espacios ofrecen con tanta profundidad y equilibrio. El alumno piensa mientras se mueve, decide mientras siente presión, coopera mientras compite, controla la fuerza mientras intenta alcanzar su objetivo, fracasa delante de otros y vuelve a intentarlo, y en ese proceso aprende a conocer tanto sus capacidades como sus límites.

un lugar capaz de integrar cognición, cuerpo, emoción, relación, incertidumbre y responsabilidad al mismo tiempo

Nos gustaría finalizar esta serie fijando aquello que entra dentro de nuestro marco más duro de responsabilidades pedagógicas, aquello que depende de que hagamos bien nuestro trabajo para que este sea verdaderamente un bien social y un aporte constructivo para nuestro colectivo humano. En una escuela de artes marciales debemos observar con justicia y conocimiento antes de etiquetar, debemos ser capaces de individualizar la formación sin aislar ni comparar a nadie, ayudar a progresar a nuestros alumnos cuando exista una preparación real priorizando el enriquecimiento cuando la aceleración no resulte necesaria. Como escuela necesitamos plantear problemas además de respuestas y enseñar principios además de técnicas siempre abiertos a múltiples formas de excelencia. En nuestras responsabilidades entre proteger el juego y la pertenencia, convirtiendo el error en una fuente estimulante de información sin confundir nunca la inteligencia con la madurez, ni convertir las altas capacidades en privilegio ni en carga.


Durante mucho tiempo hemos organizado la enseñanza marcial de manera fundamentalmente vertical, es decir, primero esto, después aquello, después lo siguiente, más técnicas, más formas, más nivel, etc. Pero se puede avanzar de una forma más constructiva si introducimos esa verticalidad en un plano cruzado que mantenga el centro estable, sin olvidar que los árboles más altos tienen siempre profundas raíces para poder sostenerse. Se puede avanzar hacia delante, pero también se puede avanzar hacia dentro, y el alumno con altas capacidades puede obligarnos, de hecho, a forzar un aprendizaje bien diseñado teniendo esta realidad en cuenta constantemente.


FIN DE LA SERIE

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