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Las altas capacidades en el Kwoon. (2/3)

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Altas capacidades en el Kwoon. Portada

¿Altas capacidades y torpeza física? Observar sin diagnosticar

Conviene ser especialmente cuidadosos con un estereotipo cultural bastante arraigado, según el cual el niño intelectualmente brillante sería necesariamente más torpe o menos competente en actividades motrices. No hay ninguna razón científica demostrada para partir de esa afirmación. Las altas capacidades intelectuales no implican por sí mismas un déficit motor, y existen niños extraordinariamente competentes tanto en lo cognitivo como en lo físico, otros que presentan grandes diferencias entre ambas dimensiones, y algunos que, además de altas capacidades, presentan dificultades específicas del desarrollo, la atención, el aprendizaje o la coordinación (algo que solemos denominar doble excepcionalidad).


Esto nos obliga como profesores a no atribuir de forma automática ningún tipo de dificultad física a las altas capacidades. Si aparecen problemas persistentes de equilibrio, coordinación, orientación espacial o aprendizaje de habilidades, conviene observarlos como se observarían en cualquier otro alumno y, cuando resulten relevantes, compartirlos con la familia, porque la etiqueta de altas capacidades nunca debería impedirnos ver al niño concreto y completo que tenemos delante.

Las altas capacidades intelectuales no implican por sí mismas un déficit motor

En las escuelas de artes marciales no diagnosticamos las altas capacidades, aunque seamos claros testigos de ellas en cuanto aparecen. Se trata de una evaluación que corresponde a los profesionales cualificados y a los procedimientos de valoración apropiados. Esto no nos exime de ser profundamente observadores porque veremos cómo se desenvuelve el alumno en situaciones muy distintas de las del aula académica.


En nuestras clases el alumnado aprende mediante demostración, interactuando físicamente, resolviendo problemas, compitiendo, ayudando, frustrándose, improvisando, imitando o corrigiéndose. Determinados patrones pueden llamar nuestra atención cuando aparecen de forma consistente, como un alumno que necesita muy pocas demostraciones para reproducir estructuras complejas, que descubre espontáneamente reglas que todavía no hemos explicado, que identifica semejanzas entre técnicas aparentemente distintas, que generaliza un principio aprendido y empieza a aplicarlo en otros contextos, o que formula preguntas orientadas a la estructura profunda del contenido (por qué funciona algo, qué ocurre si cambia una parte, si esto es lo mismo que se hizo en otra técnica pero desde otro ángulo).


Aprendizaje de las estructuras complejas

También nos puede llamar la atención una capacidad especialmente alta para anticipar patrones en los juegos de oposición, una memoria técnica excepcional o una creatividad poco habitual para generar soluciones. Ninguna de estas conductas confirma por sí sola unas altas capacidades, pero puede aportar información útil a una familia que ya observa indicadores semejantes en otros contextos.

Se aprende mediante demostración, interactuando físicamente, resolviendo problemas, compitiendo, ayudando, frustrándose, improvisando, imitando o corrigiéndose.

Además, debemos prestar atención tanto al falso negativo como al falso positivo. No siempre el alumno con altas capacidades destaca de inmediato y puede aburrirse, parecer distraído, realizar las tareas de manera descuidada, cuestionar instrucciones o desconectarse en cuanto cree haber entendido algo. También puede mostrar un rendimiento marcial inicialmente mediocre porque no está motivado, porque teme equivocarse delante del grupo, porque atraviesa una etapa física menos favorable o porque la distancia entre su comprensión y su ejecución le genera frustración.


Por estos motivos, la competencia de un alumno no debería inferirse únicamente de cuánto destaca durante sus primeras semanas. En la otra dirección, también podemos afirmar que aprender rápidamente una forma tampoco demuestra altas capacidades ya que hay niños con una memoria motriz excepcional, otros que han practicado disciplinas relacionadas, otros con gran experiencia deportiva o una capacidad extraordinaria para imitar, y otros simplemente muy motivados que progresan deprisa porque practican a diario en casa de forma infatigable. Como profesores debemos observar estas competencias sin entrar en ningún tipo de diagnóstico, ya que es una frontera que no debemos traspasar para proteger tanto al alumno como a la familia.


Habilidades cognitivas para la práctica marcial

¿Qué capacidades encuentran un terreno fértil en las artes marciales?

Sería arriesgado intentar establecer un perfil ideal de altas capacidades para la práctica marcial, porque las artes marciales son demasiado amplias para reducirlas a un solo patrón, pero sí existen determinadas aptitudes que pueden apuntar en esa dirección.


El razonamiento visuoespacial, esa capacidad para percibir posiciones relativas, trayectorias y relaciones geométricas, facilita la comprensión de desplazamientos, ángulos y distancias, y convierte el espacio de combate en una variable más de la táctica en lugar de un simple escenario en el que desenvolverse.


El reconocimiento de patrones permite detectar regularidades en el comportamiento del compañero (que cada vez que traslada el peso hacia delante prepara determinada acción, o que al retroceder de cierta manera deja libre una trayectoria concreta), de modo que el alumno empieza a leer estructuras detrás de movimientos que a otros les parecen aislados.


La velocidad de aprendizaje permite incorporar con rapidez reglas, combinaciones y conceptos, aunque siempre debe acompañarse de una pedagogía que evite confundir el concepto de rapidez con el de dominio.


La memoria de trabajo resulta especialmente útil en tareas tácticas, porque durante una interacción marcial es necesario mantener activas simultáneamente muchas informaciones como la distancia, la guardia, la posición, las opciones disponibles, la intención del compañero, el espacio libre, el propio estado de equilibrio.


La flexibilidad cognitiva permite abandonar un plan que hace apenas medio segundo funcionaba y ha dejado de hacerlo, sin quedar atrapado en él, mientras que el control inhibitorio resulta igual de decisivo, porque en artes marciales hacer menos puede ser más difícil que hacer más, como, por ejemplo, no reaccionar ante una finta, no precipitarse atacando, no emplear toda la fuerza disponible o no responder emocionalmente a la frustración.


La metacognición también creemos que ofrece a los alumnos capaces de analizar su propio aprendizaje una enorme ventaja a largo plazo. Cuando ellos mismos se preguntan qué hacen cuando se ponen nerviosos, por qué pierden siempre el equilibrio en un punto concreto o qué información no están teniendo en cuenta, están participando de forma activa en su propia formación.


La creatividad entrará en juego en cuanto dejamos de darles directamente la solución a los problemas que se barajan en cualquier sesión de práctica y estudio marcial. Necesitan entonces reorganizar los recursos que conocen para producir respuestas viables que vayan más allá de una reproducción simple de patrones.


Por último, el razonamiento en situaciones de extrema incertidumbre, que sería la capacidad para actuar cuando la información es incompleta y para moverse con eficacia en situaciones esencialmente probabilísticas. En un combate nunca sabemos completamente qué va a ocurrir y, aun así, hay que tomar decisiones para manejar cada situación episódica de la lucha.


CONTINUARÁ EN LA PRÓXIMA ENTRADA (3/3)

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