El combate



El cruce de miradas no hizo mella en ninguno de los dos.

El intento de arañarnos algo de espíritu antes del combate no surtió efecto.

Las miradas se aproximan, pero no llegan

y el interior está cada vez más blindado a lo innecesario.


Ahora todo está a punto de decidirse.

Todo ha cambiado,

mirada, tono, intención, voluntad.

Un compendio de interacciones de altísima velocidad

en las que la mente pretende susurrar algo al silencio.


Se inicia el combate.

Observo un exceso de voluntad, de velocidad, de intención en mi oponente

Se aproxima a gran velocidad y, sin tiempo a una reacción anticipada,