Los 8 apartados fundamentales de la práctica marcial.



«Todo conocimiento opera mediante la selección de datos significativos y rechazo de datos no significativos: separa (distingue o desarticula) y une (asocia, identifica); jerarquiza (lo principal, lo secundario) y centraliza (en función de un núcleo de nociones maestras). Estas operaciones, que utilizan la lógica, son de hecho comandadas por principios "supralógicos" de organización del pensamiento o paradigmas, principios ocultos que gobiernan nuestra visión de las cosas y del mundo sin que tengamos conciencia de ello.»


Edgar Morín

Introducción al pensamiento complejo


INTRODUCCIÓN


Las palabras estructuración, programación, periodización o diseño de sesión son, entre otras no menos importantes, algunos de los elementos que deberían conjugarse para que cualquier método de entrenamiento marcial diera sus frutos de forma óptima y en el menor tiempo posible.


Podemos entender el entrenamiento como un modelo estratégico, específico y optimizado de acción para lograr unos objetivos determinados. En el caso de la práctica marcial, son muchos los objetivos que se pretenden desarrollar. Además, existe un meta objetivo que consiste en organizar de forma correcta, sinérgica y holística a todos estos objetivos para lograr algo de un valor superior a la suma de todos ellos.


Cuando nos referimos a entrenamiento en artes marciales, como ya he comentado en varias ocasiones, tenemos que establecer un marco de desarrollo que englobe e integre las ideas de aprendizaje y de desarrollo. En el entrenamiento marcial desarrollamos muchos aspectos, pero también aprendemos una gran cantidad de elementos de tipo técnico, táctico, estratégico, físico, cognitivo, conductual y social. Este aprendizaje debe integrarse en un único modelo que permita que estos elementos de aprendizaje guarden la oportuna relación con el modelo de desarrollo integral que se pretende.


Para comprender con claridad cómo se articula todo este complejo proceso tenemos que deconstruir la estructura que conforma el entrenamiento y conocer, además de comprender, cómo interaccionan estas subestructuras y cómo influyen en nuestra capacidad para definir objetivos y lograr alcanzarlos con garantías de efectividad y de seguridad.


OCHO APARTADOS FUNDAMENTALES


Podemos decir que uno de los grandes objetivos que se pretenden alcanzar a través de la práctica marcial, pese a que muchas personas optan por objetivos más específicos o menores, es el del desarrollo integral de la persona. Esto incluye su integridad física, su autopercepción, su salud, su capacidad de defenderse física y mentalmente, la comprensión de su contexto social y circunstancial, así como la forma ideal de transitar por la vida sin generar conflictos, sumando positividad y construyendo en vez de destruir.


Todos estos aspectos entran dentro del marco de una persona equilibrada, saludable, sincera, con sentido vital y empatía hacia sus semejantes. Algo que, por desgracia, se vuelve complicado en la sociedad en que vivimos. La masificación humana y los valores imperantes han creado una sociedad altamente competitiva, uniformemente acelerada, deshumanizada e insalubre, entendiendo por esto último un mayor alejamiento de nuestra naturaleza biológica y de nuestro contacto íntimo con la naturaleza externa.


En este marco bastante desesperanzador, el entrenamiento marcial se torna un dique de contención que pretende proteger nuestra posibilidad de desarrollo personal sin que las poderosas influencias del entorno deformen nuestro potencial hacia «otros» que poco o nada tienen que ver con nuestra esencia.


Para lograr esta integralidad personal a través del entrenamiento, este debe contener componentes de aprendizaje y de desarrollo relativos a estos 8 apartados fundamentales:


1. Cualidades físicas: Fuerza, resistencia, velocidad y flexibilidad.

2. Habilidades motrices: Locomoción, manipulación y estabilidad.

3. Habilidades cognitivas: Observación, atención, análisis, ordenamiento, comprensión, clasificación, resumen, representación, evaluación, memorización elaboración, interpretación y memorización.

4. Habilidades intrínsecas: Paciencia, perseverancia, constancia, control emocional, valentía, motivación, autoconciencia, empatía o esperanza.

5. Habilidades de bases y fundamentos técnicos: Estructura corporal estática, estructura corporal dinámica y contextual y aplicación específica de las cuatro primeras habilidades en el contexto técnico del estilo.

6. Estructura técnica, táctica, estratégica y filosófica del sistema: Aprendizaje del arte.

7. Valores morales y éticos: Desarrollo equilibrado hacia el exterior.

8. Espiritualidad: Desarrollo equilibrado hacia el interior.


LOS MÉTODOS Y SUS CARACTERÍSTICAS


El grado de efectividad de cualquier método de enseñanza y desarrollo marcial dependerá de cómo se organiza todo el proceso de forma óptima, integrando estos 8 elementos con conocimiento y acierto en orden, proporción, valor, relación y personalización (nivel, edad, características, objetivos).


Esta organización debe contemplarse en el marco del programa de contenidos para cada área, asumiendo que cada fase de desarrollo requiere un tiempo natural de aprendizaje, de desarrollo, de interiorización y de contextualización.


El diseño específico de la sesión de entrenamiento debe reflejar las características específicas de cada momento del programa sobre estos 8 apartados, e ir tejiendo día a día, sesión a sesión, esta imponente cadena de relaciones no lineales que se parecen más a una trama neuronal que a una hoja de ruta por pasos.


Podemos entender el entrenamiento como un modelo estratégico, específico y optimizado de acción para lograr unos objetivos determinados.

EL IMPORTANTE PAPEL DEL ALUMNO


Hacer esto en una clase grupal parece complejo y difícil de modelar, sin embargo, la implicación y participación del alumno en todo el proceso lo simplifica lo suficiente como para que el profesor pueda dirigir correctamente la sesión, sin saltarse ni uno solo de los eslabones de esta larga y multidimensional cadena de elementos.


La capacidad del alumnado de enmarcar sus objetivos dentro del nivel de aprendizaje que le corresponde, en el marco del programa, es uno de los pasos que permiten la organización efectiva de la sesión y su diseño optimizado por fases no interferentes. En este sentido, el alumno juega un papel primordial en dar coherencia al proceso.


Hay alumnos que necesitan una persona constantemente al lado para que vigile lo que hace, para que le indique si lo está haciendo bien o no, para que le regule los tiempos, etc. Este tipo de alumno debe progresar a un alumno más libre, que asuma responsabilidades, que comprenda que fallar forma parte del proceso y que el nivel de insistencia en el fallo no va a superar nunca a la capacidad de observación y guía del maestro, que le resaltará con moderación las correcciones que corresponden en cada supuesto.


El grado de efectividad de cualquier método de enseñanza y desarrollo marcial dependerá de cómo se organiza todo el proceso de forma óptima

Aunque las fases de la sesión integran casi todos los elementos que hemos definido en los 8 apartados fundamentales, es preciso que cada alumno asuma la propuesta desde las exigencias propias de su nivel específico dentro del programa. Para poder hacer esto debe tener claro cuáles son las características generales de su nivel y qué objetivos deben establecerse dentro de él desde un punto de vista lógico y coherente con el resto.

Cada nivel tendrá una cantidad de contenidos, de exigencias de progresión y de aspectos que desarrollar específicos y relacionados directamente con los antecedentes con los que el alumno cuenta para afrontar los retos que tenga por delante.


DIFERENTES NIVELES, DIFERENTES DENSIDADES


En los niveles básicos las propuestas serán menos densas, es decir, con menor número de elementos en cada apartado y con relaciones menos directas entre ellas. Es una fase en la que el artista marcial comienza a explorar el territorio y a asentar bases, a mejorar la condición física e ir integrando poco a poco, todos estos elementos de forma natural.


Es importante que veamos que una gran parte del proceso va a ocurrir casi sin que nos demos cuenta de ello, es decir, el aprendizaje, el desarrollo, la integración y relación de elementos se irá produciendo de forma natural cuando las propuestas de trabajo estén bien organizadas y se mantenga el incremento progresivo correcto de elementos a lo largo de todo el programa anual de entrenamiento; también cuando la voluntad de aprendizaje y desarrollo del alumno se mantenga constante y con la confianza puesta en él método y en que el maestro está realizando correctamente su trabajo.


En los niveles intermedios, las exigencias son mayores dado que las propuestas de base y fundamentos comienzan a contextualizarse a medida que el alumno comienza a sentir su mejora general en cada una de ellas. Esto lleva al profesor a proponer ámbitos de estudio más complejos, acciones más complicadas, entrenamientos más exigentes y, en definitiva, a aumentar la densidad de la práctica en el marco de nuevas posibilidades que ha abierto el alumno al cubrir sus principales objetivos iniciales.


En los niveles avanzados, la integración de elementos y la modulación personal en base a ellos comienza a definirse desde los primeros trabajos de orden superior. En este apartado todo se vuelve personal; todo adquiere un matiz más interno y profundo y comenzamos a sentir que toda la gran estructura abordada en las fases previas a dado frutos relevantes.


El alumno debe tener claro cuáles son las características generales de su nivel y qué objetivos deben establecerse dentro de él

El holismo que pretendemos va a depender en gran medida de que no nos quedemos clavados en algún apartado concreto de los ocho. Es muy habitual que alumnos que auto perciben un alto nivel en un apartado concreto se recreen en ese apartado, dándole una mayor proporción de trabajo que al resto de elementos con un feedback menos estimulante. Esto es correcto desde el punto de vista de mejora específica de la técnica y del desarrollo personal del Kung Fu, pero debemos centrarnos en intentar integrar esa especial cualidad, habilidad o conocimiento en el marco global del estilo.


ORDEN, JERARQUÍA Y PAUTAS DE PROGRESIÓN


El dominio del conjunto siempre permitirá amortizar mejor esa gran habilidad multiplicada por todos los otros elementos. desarrollados de forma óptima en las fases precedentes. Esta integración se puede realizar ordenando correctamente el entrenamiento en su programación anual, en sus periodos generales y específicos, en los ciclos mensuales del programa y en las sesiones de entrenamiento encadenadas a toda esta gran estructura de conocimiento y de propuestas.


Por este motivo, para poder ordenar correctamente los elementos del entrenamiento, necesitamos entender de qué se compone la práctica marcial en su conjunto, qué contienen cada uno de estos 8 apartados y cómo establecemos nuestros objetivos en base a ellos y a nuestras capacidades naturales para alcanzarlos.


Podremos hacerlo con seguridad y garantías siguiendo las pautas de un buen maestro sobre un buen programa y en base al modelo de progresión tradicional, que va de lo fácil a lo complejo, de lo general a lo específico, de lo individual a lo colectivo, de lo externo a lo interno y de lo físico a lo espiritual.

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